Responsabilidad Social
Detectar a tiempo también es una decisión económica
Hace unos días tuve la oportunidad de participar en el Parlamento Abierto del Congreso del Estado de Sonora, convocado para analizar la reforma a la Ley de Salud orientada a fortalecer el Tamiz Neonatal Cardiológico.
Agradezco al diputado Omar del Valle Colosio la invitación y, sobre todo, la oportunidad de aportar desde una perspectiva que pocas veces aparece en las discusiones de política pública: la de un padre que vivió en primera persona las consecuencias de una cardiopatía congénita no detectada oportunamente.
El tamiz cardiológico neonatal es una prueba sencilla y no invasiva que, mediante la oximetría de pulso, mide la saturación de oxígeno del recién nacido. Se realiza colocando sensores en la mano derecha y en uno de los pies. Su objetivo es identificar señales que puedan indicar una cardiopatía congénita crítica y, ante un resultado que requiera atención, continuar con la evaluación médica correspondiente.
La importancia de hacerlo antes del alta hospitalaria es enorme. Un bebé puede aparentar estar sano y, sin embargo, tener una cardiopatía que todavía no presenta signos evidentes. Detectarla durante la estancia hospitalaria permite evaluar al recién nacido, establecer una ruta de atención y determinar, con los especialistas, qué debe hacerse a continuación.
En el caso de mi hijo Leo, nuestra historia fue diferente. Su cardiopatía no fue detectada al nacer y nuestra familia tuvo que enfrentar posteriormente una situación médica compleja. Con el paso del tiempo entendí algo que hoy considero fundamental: en medicina, la estabilidad también representa un margen de seguridad.
Cuando Leo estaba estable, teníamos mejores condiciones para buscar alternativas, realizar estudios, trasladarnos y llegar a una cirugía con un margen de seguridad mayor. Cuando ese margen se reducía, las posibilidades de enfrentar una emergencia aumentaban y con ellas también podían aumentar las necesidades de hospitalización, terapia intensiva, medicamentos, estudios y procedimientos.
Y aquí es donde la salud también se encuentra con la economía.
Una detección tardía puede significar atención de emergencia, hospitalizaciones más prolongadas y mayores recursos destinados a resolver una situación que pudo haberse identificado antes. La evidencia internacional ha encontrado asociaciones entre la detección tardía de cardiopatías congénitas críticas y un mayor número de hospitalizaciones, más días hospitalarios y mayores costos durante la infancia.
Esto importa tanto para las familias como para las instituciones públicas y privadas.
Por eso, fortalecer el tamiz cardiológico no debe entenderse únicamente como comprar equipos. Es necesario garantizar los insumos, la capacitación, el mantenimiento y, sobre todo, una ruta de atención que permita que una señal de alerta se convierta rápidamente en una evaluación, un diagnóstico y una canalización adecuada.
No todos los niños con cardiopatías requieren el mismo tratamiento. Algunos podrán ser atendidos localmente; otros necesitarán centros especializados. Lo importante es que la familia no quede sola tratando de descubrir cuál es el siguiente paso.
La detección temprana no elimina la complejidad de las cardiopatías congénitas, pero sí puede cambiar el momento en que se enfrenta esa complejidad.
Y desde mi experiencia como padre, esa diferencia puede ser enorme.
Invertir en detectar a tiempo no solamente es una decisión de salud. También es una decisión de prevención, de eficiencia y de responsabilidad económica.
Porque detrás de cada diagnóstico hay una familia.
Y detrás de cada peso destinado a prevenir una emergencia, existe la posibilidad de evitar costos humanos, médicos y económicos mucho mayores.



