Economía
La visita de Xi a Washington: una tregua entre gigantes que puede redefinir el comercio mundial

Economía

La visita de Xi a Washington: una tregua entre gigantes que puede redefinir el comercio mundial

La visita de Estado del presidente chino abre una nueva etapa de “estabilidad competitiva”: menos posibilidades de desacoplamiento total, pero una mayor disputa por tecnología, minerales críticos, manufactura y cadenas de suministro.

Dr. Luis Núñez Noriega·24 de septiembre de 2026·3 min

La visita de Estado de Xi Jinping a Estados Unidos, del 23 al 25 de septiembre, es mucho más que una fotografía diplomática en Washington. Se trata del primer viaje de Xi a la Casa Blanca en más de una década y ocurre después de la visita de Donald Trump a Beijing en mayo, en un momento en que las dos mayores economías del planeta intentan contener una confrontación comercial que durante los últimos años dejó de limitarse a los aranceles.

El verdadero significado económico de la visita puede resumirse en una palabra: estabilidad. No necesariamente cooperación, mucho menos reconciliación. Washington y Beijing seguirán compitiendo por semiconductores, inteligencia artificial, vehículos eléctricos, baterías, minerales críticos y capacidad manufacturera. Lo que ambos parecen buscar es evitar que esa competencia derive nuevamente en una escalada descontrolada de aranceles, restricciones tecnológicas y represalias sobre cadenas de suministro.

Uno de los asuntos centrales será la tregua comercial alcanzada previamente entre ambos gobiernos, cuya vigencia actual expira en noviembre. Los mercados estarán atentos a una posible extensión, porque volver a una guerra arancelaria abierta tendría efectos directos sobre precios, inversión y comercio mundial. También se discuten mecanismos para reducir gravámenes en productos considerados no sensibles y consolidar un nuevo Board of Trade bilateral que permita administrar las disputas económicas con mayor continuidad.

Pero quizá el tema más importante está debajo de los aranceles: las cadenas de suministro. Estados Unidos necesita reducir vulnerabilidades frente a China en minerales estratégicos, especialmente tierras raras, mientras Beijing busca limitar las restricciones estadounidenses sobre tecnología avanzada y mantener acceso a mercados occidentales. Esto confirma que el desacoplamiento completo entre ambas economías continúa siendo improbable. La interdependencia es demasiado profunda. Lo que estamos observando es algo diferente: una interdependencia administrada, en la que cada país intenta decidir en qué sectores puede comerciar y en cuáles considera que existe un riesgo de seguridad nacional.

Esta nueva relación tendrá consecuencias en la formación de bloques comerciales. China continuará profundizando su integración con Asia y fortaleciendo cadenas productivas vinculadas al RCEP, mientras expande relaciones económicas con economías emergentes. Estados Unidos, por su parte, seguirá apostando por Norteamérica y por socios considerados estratégicamente confiables. La globalización no está desapareciendo: se está reorganizando alrededor de criterios geopolíticos.

Esto representa una oportunidad enorme para México. Si Washington busca reducir dependencias estratégicas de China sin renunciar a una manufactura competitiva, la región del T-MEC adquiere todavía mayor importancia. México puede convertirse en plataforma de producción norteamericana en sectores como electrónica, automotriz, semiconductores, dispositivos médicos y manufactura avanzada. Pero también aumentará la presión estadounidense para impedir que empresas chinas utilicen territorio mexicano únicamente como plataforma para evadir restricciones comerciales.

La visita de Xi tampoco debe interpretarse como el nacimiento de un nuevo periodo de libre comercio entre ambos países. El escenario más probable es una relación de "estabilidad competitiva": acuerdos específicos en agricultura, minerales, productos no sensibles e inversiones seleccionadas, mientras continúa una disputa intensa en inteligencia artificial, chips, energía, defensa industrial y tecnologías del futuro. Incluso antes de la cumbre, autoridades estadounidenses y chinas trabajaban precisamente en mecanismos para mantener abierto el comercio en áreas menos sensibles sin renunciar a instrumentos de protección económica y tecnológica.

Para la economía mundial, ésa sería una buena noticia relativa. No porque desaparezcan las tensiones, sino porque las dos mayores potencias económicas estarían aceptando que necesitan administrar su rivalidad.

La pregunta ya no es si Estados Unidos y China dejarán de competir.

La pregunta es si podrán hacerlo sin obligar al resto del mundo a escoger completamente entre uno y otro.

Y ésa puede ser una de las decisiones económicas más importantes de esta década.

Sigue leyendo