Economía
El cierre fiscal no empieza en diciembre

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El cierre fiscal no empieza en diciembre

Todavía estamos a tiempo: el cierre fiscal se prepara hoy, no en marzo de 2027

Ricardo Romero Sobarzo·29 de septiembre de 2026·5 min

Cada año veo una escena parecida. Llega diciembre, el empresario pregunta cómo va a cerrar y en la oficina todos empiezan a buscar facturas, a revisar saldos y a tratar de explicar movimientos que ocurrieron meses atrás. Luego llega marzo, se acerca la declaración anual y aparece la pregunta que más me duele escuchar: "¿Y ya no se puede hacer nada?"

La respuesta casi siempre es la misma: a esas alturas, muy poco. La pregunta llega a tiempo para hacer cuentas, pero tarde para tomar decisiones. El año fiscal cerró el 31 de diciembre y, con él, la oportunidad de corregir el rumbo.

Por eso quiero hablar de esto ahora. Todavía tenemos tres meses por delante. Parece poco, pero en materia fiscal es tiempo suficiente para hacer una revisión que puede cambiar la forma en que cerramos 2026.

¿Qué es realmente el cierre fiscal?

Muchos lo ven como un trámite del contador. Yo lo veo como un chequeo médico de la empresa. No me refiero únicamente a preparar la declaración anual, sino a sentarnos antes de que termine el año y entender qué pasó en el negocio: cuánto ingresó realmente, cuánto se gastó, qué utilidad se está generando, cuánto se podría pagar de impuestos y si las operaciones están bien documentadas.

Te pongo algunos ejemplos que veo con frecuencia. Una empresa puede estar vendiendo más que el año pasado y, aun así, tener menos dinero en el banco. Puede haber pagado gastos necesarios que no tienen la documentación adecuada. O los socios pueden haber retirado recursos sin definir si se trata de un sueldo, un préstamo, un dividendo o el pago de un servicio. Conviene aclarar todo eso ahora, mientras todavía podemos revisar contratos, reunir evidencia y ordenar registros.

También vale la pena preguntarnos si los números que vemos cada mes cuentan la misma historia que la operación diaria. ¿Coinciden las cuentas por cobrar con lo que los clientes esperan pagar? ¿Sabemos qué gastos se hicieron y por qué? ¿La utilidad que aparece en los reportes se refleja en el banco? Estas preguntas ayudan a detectar problemas antes de que aparezcan en la declaración anual o en una revisión de la autoridad.

Lo que todavía puedes hacer

Hay decisiones que solo cuentan si se toman antes del 31 de diciembre. Estas son algunas de ellas:

Revisa tus facturas. Lo que emitiste y lo que te facturaron debe cuadrar con lo que el SAT tiene registrado. Hoy la autoridad conoce tus números casi al mismo tiempo que tú, y cualquier diferencia puede convertirse en una carta invitación, o peor en una auditoría de la autoridad.

Cuida la materialidad de tus operaciones. Este punto es de los más importantes y de los más olvidados. Ya no basta con tener la factura: hay que poder demostrar que la operación sucedió de verdad. Si contrataste un servicio, ¿tienes el contrato, los entregables, los correos, los reportes o las fotografías que lo respalden? Si compraste mercancía, ¿puedes acreditar que llegó y en qué se usó? La autoridad revisa cada vez más este tema, y un gasto sin evidencia puede rechazarse, aunque esté perfectamente facturado y pagado. Armar ese expediente hoy es mucho más fácil que reconstruirlo dentro de dos años, cuando llegue una revisión.

Asegura tus deducciones. Un gasto sin factura, pagado en efectivo por encima de lo permitido o que no se pagó al cierre del año puede dejar de ser deducible. Es dinero que ya salió de tu bolsa y por el que de todos modos pagarás impuestos.

Planea tus compras e inversiones. Si piensas renovar equipo, vehículos o maquinaria, el momento en que lo hagas cambia el efecto en tus impuestos. No es lo mismo comprar en diciembre que en enero. Y si hay una operación importante en camino, coméntala con tu contador antes de hacerla, no cuando ya esté facturada y pagada.

Pon orden en casa. Conciliaciones bancarias, inventarios, cuentas por cobrar que ya no se van a recuperar, nómina y retiros de los socios. Todo eso impacta tu resultado fiscal.

Si eres persona física, revisa tus deducciones personales: colegiaturas, gastos médicos, aportaciones para el retiro. Muchas familias pierden su saldo a favor por no tener sus facturas en orden.

No se trata de pagar menos, sino de pagar lo justo

Quiero ser claro: un buen cierre fiscal no sirve para esconder nada, y tampoco significa salir a comprar cosas que la empresa no necesita para "pagar menos impuestos". Esa decisión puede dejar al negocio con menos efectivo y con un gasto que nunca debió hacer. La planeación fiscal empieza por conocer los números, entender las opciones legales que corresponden a cada caso y decidir con criterio empresarial. Se trata de pagar lo que corresponde, con la ley en la mano, sin regalar dinero por descuido y sin exponerse a multas por desorden.

Mi recomendación

Durante octubre, reúnete con tu contador y pídele una proyección al cierre del año. Revisen ingresos, gastos, utilidad e impuestos estimados. Después identifiquen los pendientes que sí pueden atender antes del 31 de diciembre y pongan una fecha para resolver cada uno.

El cierre fiscal es una buena oportunidad para conocer mejor tu empresa. Te permite llegar al nuevo año con cifras claras, menos sorpresas y decisiones mejor sustentadas. El reloj ya está corriendo, pero todavía juega a tu favor.

Y para la próxima…

Te dejo una pregunta. Hace un momento hablamos de los socios que retiran dinero de la empresa sin tener claro a qué título lo hacen. Entonces, tú como empresario, ¿cómo le cobras a tu empresa? ¿Sueldo, honorarios, dividendos o "lo que se ocurre"? La respuesta tiene más consecuencias fiscales de las que imaginas, y de eso hablaremos en la próxima edición.

Por Ricardo Romero Sobarzo | Contador Público Certificado y socio de Romero-Sobarzo, S.C.

Me puedes encontrar en redes sociales como Ricardo Romero Sobarzo. Si tienes alguna duda o quieres platicar sobre el cierre de tu empresa, escríbeme a ricardo.romero@msn.com.

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