Turismo y Desarrollo Regional
La urgencia de restituir la vocación de las OCVs en Sonora

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La urgencia de restituir la vocación de las OCVs en Sonora

Raúl Rentería·13 de octubre de 2026·4 min

Carlos Jimenez Robles. Presidente de la Oficina de Convenciones y Visitantes (OCV) de Nogales, Sonora. Hablar del desarrollo turístico en Sonora exige, de manera indispensable, fijar la mirada en nuestra frontera norte. La ciudad de Nogales no solo representa el cruce internacional más importante del estado, sino que ostenta una condición institucional única: es la única ciudad fronteriza en la entidad que cuenta con la figura jurídica de una Oficina de Convenciones y Visitantes (OCV) formalmente constituida. Esta representatividad legal nos otorga una clara responsabilidad ante el sector hotelero local y la autoridad institucional para abordar, con objetividad y firmeza, la compleja encrucijada por la que atraviesa el turismo en nuestra región y en todo el territorio sonorense.

En los últimos años, el panorama para la actividad turística se ha tornado sumamente difícil. Desde la entrada del actual gobierno estatal, los hoteleros y los organismos promotores hemos atestiguado la disminución paulatina y casi total en la devolución del Impuesto Sobre Hospedaje (ISH) a las OCVs en todo el estado. Esta retención sistemática ha obstaculizado el desarrollo estratégico de cada destino, provocando un lamentable retroceso hacia los viejos esquemas en los que el Estado controlaba el turismo de manera concentrada.

Esta manera de gestionar la promoción turística nunca fue la óptima. En el pasado, la centralización provocaba que los recursos terminaran destinándose de forma desproporcionada a la capital del estado (Hermosillo) y a los destinos de playa (San Carlos y Puerto Peñasco). Fue precisamente para corregir esa inequidad que se desarrolló el esquema de financiamiento basado en el ISH, en donde cada ciudad recababa dicho impuesto para impulsar su propia proyección.

En sus inicios, este impuesto se enteraba directamente a cada municipio. Sin embargo, comenzó a presentarse el problema de que los gobiernos municipales no regresaban los fondos a las OCVs de su localidad. Por esta razón, se optó por enterarlo al Gobierno del Estado, el cual cobraba un 10% por administrar la recaudación y regresaba el 90% restante cada mes a cada municipio. De esta forma, cada ciudad podía operar una oficina técnica y desarrollar sus estrategias específicas de publicidad y creación de productos turísticos para su mercado. Este sistema funcionó de manera eficiente durante aproximadamente dos sexenio.

Sin embargo, desde la entrada del actual gobierno estatal, se planeó desaparecer a las OCVs y quedarse con el impuesto para ejercer un control centralizado, una decisión que va totalmente en contra del motivo de creación del ISH. La estrategia para desarticular a las OCVs fue culparlas de un supuesto mal uso de los recursos. Esto resultaba imposible, pues las OCVs estábamos sujetas a estrictos mecanismos de transparencia pública, al igual que las dependencias de gobierno, a través del recientemente extinto Instituto de Transparencia; de modo que las finanzas de las OCVs podían ser verificadas por cualquier ciudadano en cualquier momento. La acusación fue solo una excusa para quedarse con el recurso del impuesto.

Lo que más llama la atención a los hoteleros del estado es que se deja de enterar el impuesto a las OCVs desautorizando sus sistemas de operación —tanto a nivel local como en el fideicomiso estatal que opera el ISH—, mientras que, paralelamente, el gobierno actual crea nuevos fideicomisos que operan de manera similar en su fondo, como es el caso del FICOSEG (Fideicomiso para la Seguridad en el Estado de Sonora).

Actualmente, las pocas OCVs que aún reciben una fracción de lo que percibían antes batallan seriamente para subsistir. Ciudades como Navojoa, Caborca y Ciudad Obregón tienen meses sin recibir el recurso. Por otro lado, las ciudades que recibían de manera un poco más constante parte de los fondos (aproximadamente el 50%) eran Hermosillo, Puerto Peñasco y San Carlos. Tengo conocimiento de primera mano de que, al menos en Puerto Peñasco, existen deudas muy grandes que no se han podido solventar debido a la falta de entrega oportuna de estos recursos por parte del estado.

En el caso particular de Nogales, no hemos recibido absolutamente nada desde la llegada de la actual administración estatal. Al no contar con una oficina física, no generamos gastos operativos fijos, pero al mismo tiempo nos hemos visto imposibilitados para desarrollar grandes proyectos. Lo único que logramos rescatar al principio de la administración fue la creación de la Expo Bacanora, gracias a negociaciones directas con SECTUR cuando recién comenzaba a hablarse de retener el recurso. Hoy en día, la Expo Bacanora es un evento emblemático en Nogales que se gestiona con fuentes de financiamiento distintas al ISH, y desde su tercera edición la OCV ya no participa en su elaboración.

En síntesis, las OCVs del estado y el turismo en su conjunto están pasando por un momento sumamente crítico, y las cifras así lo demuestran. La ocupación hotelera acumula casi dos años con disminuciones continuas en todo Sonora, siendo este año el más crítico hasta la fecha. La concentración centralizada de la promoción turística nunca fue eficiente, y haber regresado a esa fórmula ha perjudicado gravemente al sector. El turismo ha sufrido en los últimos años no solo en las fronteras, sino en todos los destinos sonorenses, donde el comportamiento a la baja de la ocupación es muy similar. Entre las diversas causas de este declive, los hoteleros acreditamos de manera definitiva la mala administración de este recurso, el cual ha perdido por completo su sentido y su razón de ser.

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