Sonora–Arizona
Lo que Hermosillo le enseña a Norteamérica
En septiembre, la producción de autos en México cayó 15.1% frente al mismo mes del año pasado. Al mismo tiempo, las exportaciones mexicanas a Estados Unidos siguen creciendo a doble dígito y el comercio bilateral se acerca a 900 mil millones de dólares al año. Las dos cifras son ciertas, y la distancia entre ellas nos dice mucho.
La incertidumbre cuesta. Las armadoras planean su producción con años de anticipación y no pueden planear alrededor de aranceles que cambian cada trimestre. Mientras sigan vigentes los aranceles de la Sección 232 sobre vehículos, acero y aluminio, la presión se sentirá primero en las líneas de ensamble.
Pero hay una excepción que vale la pena mirar. La planta de Ford en Hermosillo produjo casi 218 mil vehículos entre enero y julio, con el mayor aprovechamiento de capacidad del país. Un producto que el consumidor estadounidense quiere, hecho por una fuerza laboral probada, siguió avanzando en un año difícil.
Esta semana recibo en Phoenix al alcalde de Hermosillo, Antonio Astiazarán. Phoenix y Hermosillo son ciudades hermanas desde hace casi cincuenta años, y Arizona vendió a México 14.6 mil millones de dólares en 2025. Cuando Washington y la Ciudad de México discuten, son las ciudades, las empresas y las familias las que mantienen viva la relación.
Sonora y Arizona no necesitan permiso de ninguna capital para construir una región más fuerte. Necesitan certidumbre y relaciones que duren más que cualquier administración. Si llega el acuerdo para reducir los aranceles al acero, el aluminio y los autos, el corredor de Hermosillo a Phoenix estará listo para moverse primero.
Esa es la lección: la certidumbre es la verdadera política comercial.



