Minería
Oro sin crédito: el gran cuello de botella de la pequeña y mediana minería latinoamericana

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Oro sin crédito: el gran cuello de botella de la pequeña y mediana minería latinoamericana

América Latina posee geología, experiencia minera y una posición privilegiada frente al nuevo ciclo de precios de los metales. Sin embargo, cientos de proyectos de oro económicamente prometedores no logran transformarse en minas. El problema no siempre está debajo de la tierra: muchas veces está en la estructura financiera, la informalidad, la falta de estudios técnicos, la tramitología y una banca que todavía no sabe cómo evaluar el riesgo minero.

C3Bullion·13 de octubre de 2026·11 min

Oro sin crédito: el gran cuello de botella de la pequeña y mediana minería latinoamericana América Latina posee geología, experiencia minera y una posición privilegiada frente al nuevo ciclo de precios de los metales. Sin embargo, cientos de proyectos de oro económicamente prometedores no logran transformarse en minas. El problema no siempre está debajo de la tierra: muchas veces está en la estructura financiera, la informalidad, la falta de estudios técnicos, la tramitología y una banca que todavía no sabe cómo evaluar el riesgo minero.

Por Dr. Luis Núñez Noriega América Latina tiene una paradoja difícil de ignorar. Es una de las regiones mineras más importantes del planeta y continúa siendo el principal destino mundial de inversión en exploración, pero una parte considerable de sus pequeños y medianos proyectos tiene enormes dificultades para acceder al capital necesario para explorar, demostrar reservas, desarrollar metalurgia, adquirir maquinaria y llegar finalmente a producción.

Durante 2025, América Latina concentró alrededor de 3,280 millones de dólares en presupuestos de exploración minera, la mayor asignación regional del mundo. El oro volvió a adquirir especial protagonismo: el presupuesto global destinado a su exploración aumentó 11% hasta aproximadamente 6,150 millones de dólares. Sin embargo, detrás de esa recuperación aparece una señal preocupante: buena parte del dinero está concentrándose en grandes compañías, minas existentes y extensiones cercanas a operaciones ya conocidas, mientras la exploración de nuevos depósitos continúa perdiendo participación.

Eso significa que existe dinero para minería, pero no necesariamente para todos los mineros.

Y ahí comienza el problema.

No existe un solo riesgo minero

Uno de los principales errores del sistema financiero consiste en analizar a toda la minería bajo la misma lógica.

Una empresa que apenas está perforando un prospecto no tiene el mismo riesgo que una mina que ya produce 30 mil onzas anuales. Tampoco debería financiarse de la misma manera.

Durante la exploración no existe flujo de efectivo y todavía puede no existir una reserva económicamente explotable. Pedir a ese proyecto que pague capital e intereses mensualmente resulta incompatible con su propia naturaleza. En esa etapa, el instrumento lógico es capital de riesgo, inversión accionaria, fondos especializados, aportaciones público-privadas o algún esquema que comparta el riesgo geológico.

Cuando aparece un recurso medido, una evaluación económica y pruebas metalúrgicas favorables, pueden entrar otras estructuras. Más adelante, una mina con permisos, reservas, planta definida, ingeniería y compradores tiene posibilidades de utilizar deuda de proyecto.

El problema latinoamericano es que entre esas etapas existe un enorme vacío financiero.

El banco tradicional quiere llegar cuando el riesgo ya desapareció.

El empresario necesita dinero precisamente para reducirlo.

¿Qué está fallando en la banca privada?

No necesariamente que los bancos no quieran prestar. El problema es que la minería pequeña y mediana no encaja fácilmente en el modelo crediticio convencional.

El banco normalmente quiere garantías líquidas, estados financieros históricos, ingresos previsibles, activos fácilmente valuables y una capacidad clara de repago. Una concesión minera puede tener un enorme potencial geológico y, al mismo tiempo, resultar prácticamente inútil como garantía bancaria si todavía no existen reservas certificadas, permisos, estudios metalúrgicos o producción.

El mineral enterrado no paga una mensualidad.

Tampoco lo hace una estimación optimista de recursos.

Por eso numerosos proyectos terminan financiándose con recursos propios, préstamos de socios, capital familiar o acuerdos extraordinariamente costosos. Otros venden prematuramente una participación relevante del proyecto simplemente para financiar la siguiente campaña de barrenación.

El resultado es una pérdida gradual de propiedad para el descubridor original.

Esta situación no es exclusiva de Latinoamérica. La exploración minera mundial depende ampliamente del mercado de capitales y de compañías junior. Pero regiones como Canadá y Australia desarrollaron durante décadas ecosistemas financieros especializados capaces de entender que una empresa sin producción puede tener valor si posee geología, información técnica, un equipo competente y acceso jurídico sólido al depósito.

En buena parte de América Latina esa infraestructura financiera todavía es pequeña.

La banca de desarrollo también tiene una responsabilidad

Aquí existe otra paradoja. Si existe una actividad económica donde la banca de desarrollo puede cumplir una función de catalizador, es precisamente en proyectos donde existe potencial productivo pero donde el sector privado percibe riesgos que todavía no sabe financiar.

CAF señaló en 2026 que uno de los grandes problemas de los proyectos mineros latinoamericanos es alcanzar condiciones suficientes de bankability. Entre los instrumentos que considera capaces de destrabar inversiones están créditos concesionales, garantías, fondos de desarrollo minero, blended finance, participación accionaria y apoyos para exploración y prefactibilidad. También destaca el papel que pueden desempeñar contratos de compraventa futura y prepagos de compradores estratégicos.

Ésa es precisamente la discusión que falta desarrollar con mayor profundidad en nuestros países.

La banca de desarrollo no debería sustituir al inversionista privado ni asumir indiscriminadamente el riesgo geológico. Tampoco debe convertirse en financiadora de proyectos técnicamente deficientes.

Su función debería ser hacer financiables proyectos que hoy quedan atrapados entre la geología y el sistema bancario.

Puede hacerlo mediante garantías parciales, créditos subordinados, fondos de coinversión, programas de maquinaria, líneas de capital de trabajo, seguros, asistencia técnica y esquemas donde cada peso público movilice varios pesos privados.

CAF ya utiliza este principio en el financiamiento general de pequeñas y medianas empresas: canaliza líneas mediante bancos comerciales y entidades de desarrollo y utiliza garantías parciales para compartir riesgo. Desde 2019 ha financiado a más de 410 mil mipymes mediante esquemas de este tipo.

La pregunta es por qué no desarrollar instrumentos con arquitectura específicamente minera.

El dinero no puede llegar si el proyecto no es financiable

También sería demasiado sencillo culpar solamente a los bancos.

Una parte importante del problema está del lado del propio empresario minero.

Muchas pequeñas operaciones no tienen estados financieros suficientemente ordenados. Mezclan cuentas personales y corporativas. Carecen de gobierno corporativo. Tienen concesiones pero no modelos geológicos confiables. Han producido mineral pero no conocen con precisión recuperación metalúrgica, costos por tonelada o vida probable de mina.

Algunas nunca han elaborado un modelo financiero completo. Otras no pueden demostrar claramente cuánto oro recuperarán. Y ninguna institución financiera seria puede prestar únicamente contra entusiasmo.

La formalización debe verse entonces no como una carga burocrática adicional, sino como una puerta de entrada al capital.

Formalizar propiedad, contabilidad, producción, trabajadores, obligaciones ambientales, títulos, contratos y ventas permite convertir una mina opaca en un activo evaluable.

Sin información no existe crédito.

Exploración: el primer gran vacío

Una política minera seria debe reconocer que la exploración es una actividad diferente a la explotación.

Una perforación puede demostrar millones de dólares en mineral o demostrar que no existe un yacimiento económicamente viable. Precisamente por eso la deuda bancaria convencional es el instrumento equivocado.

Los fondos públicos destinados a esta etapa deberían utilizarse principalmente para reducir incertidumbre.

Cartografía moderna, geofísica, geoquímica, información geológica abierta, laboratorios confiables y programas competitivos de cofinanciamiento de exploración pueden multiplicar la productividad del capital privado.

S&P Global advierte que, aunque oro, cobre y plata están apoyando una recuperación de presupuestos, la exploración grassroots —la búsqueda de nuevos depósitos— ha caído hasta una participación históricamente baja. Esa tendencia puede convertirse años después en una menor cartera de nuevas minas.

Financiar exploración no significa financiar perforaciones sin criterio. Significa financiar buena ciencia geológica.

La metalurgia puede valer tanto como el yacimiento

Otro error frecuente consiste en pensar que encontrar oro equivale a tener una mina.

No es así. El valor económico depende de cuánto metal puede recuperarse y cuánto cuesta hacerlo.

Un proyecto puede tener una excelente ley y una mineralogía extraordinariamente compleja. Puede requerir trituración, molienda, flotación, lixiviación o procesos adicionales que cambien radicalmente su rentabilidad.

Por eso la prueba metalúrgica debería ser considerada infraestructura financiera.

Un banco puede entender mucho mejor un proyecto cuando existe un balance metalúrgico confiable, recuperación demostrada y estimación razonable de costos.

América Latina necesita más laboratorios, plantas piloto y servicios técnicos accesibles para productores pequeños.

También puede desarrollar plantas regionales compartidas.

No todo pequeño minero necesita construir su propio molino.

En determinados distritos puede ser mucho más eficiente operar instalaciones capaces de procesar mineral de diferentes productores bajo contratos transparentes de maquila. Eso reduce CapEx, facilita formalización, permite controlar recuperación y genera trazabilidad de producción. Incluso podría facilitar el crédito.

El mineral entregado a una planta formal genera registros de tonelaje, ley, recuperación, ventas y flujo. Eso convierte una actividad difícil de observar en una actividad financiable.

Financiar maquinaria sin financiar toda la mina

Otro cambio importante consiste en separar el activo del proyecto completo.

Un banco puede sentirse incómodo prestando 20 millones de dólares contra una mina todavía incierta, pero puede evaluar de manera mucho más tradicional una excavadora, una perforadora, un cargador frontal, un generador o determinados equipos de proceso.

Ahí existe una enorme oportunidad para leasing, arrendamiento financiero, créditos respaldados por fabricantes y financiamiento de proveedores.

El equipo tiene valor residual. Puede asegurarse. Puede recuperarse. Puede reemplazarse.

Para muchos pequeños productores, financiar activos productivos de manera separada puede ser el primer paso hacia una operación profesional.

El oro permite estructuras que otros sectores no tienen

La minería aurífera posee además una ventaja financiera particular: produce una mercancía altamente líquida y con compradores internacionales.

Eso permite utilizar estructuras alternativas.

Un contrato de offtake puede garantizar que determinada producción futura será adquirida por un comprador.

Ese comprador puede realizar un prepago que ayude a financiar la construcción.

También existen modelos de streaming, donde un inversionista entrega capital anticipadamente a cambio del derecho de adquirir una parte futura del metal bajo condiciones previamente establecidas.

Las regalías permiten financiar proyectos a cambio de un porcentaje de ventas o producción futura.

Estos instrumentos no son gratuitos y pueden terminar siendo muy costosos si se negocian mal. Un pequeño productor desesperado puede comprometer durante décadas una parte valiosa de su depósito.

Pero utilizados correctamente pueden complementar el crédito.

IFC, por ejemplo, estructura financiamiento minero mediante deuda, capital, cuasi-capital y movilización de terceros, reflejando justamente que los proyectos mineros rara vez deben depender de una sola fuente financiera.

La tramitología también es un costo financiero

Una mina retrasada un año no solamente pierde doce meses.

Consume caja durante doce meses. Mantiene ingenieros. Paga estudios. Renueva permisos. Conserva terrenos. Mantiene oficinas. Sostiene relaciones comunitarias. Y espera.

Cada mes adicional aumenta la cantidad de capital necesaria antes de producir la primera onza.

Por eso la regulación eficiente no significa ausencia de regulación. Significa reglas claras, tiempos predecibles y procesos coordinados.

Un proyecto debe cumplir exigencias ambientales, laborales, fiscales, de seguridad y comunitarias. Pero el Estado también tiene la responsabilidad de decir qué requiere, quién lo autoriza y cuánto tiempo razonablemente tomará.

La incertidumbre administrativa se transforma directamente en costo de capital.

CAF identifica precisamente los largos periodos de maduración y permisos, la incertidumbre regulatoria y fiscal y las deficiencias de infraestructura entre los factores que reducen la bancabilidad de los proyectos latinoamericanos.

Formalizar sin expulsar

La pequeña minería presenta un desafío adicional.

En algunos países, los procedimientos para convertirse en productor plenamente formal son tan costosos o complejos que terminan creando un círculo perverso.

El pequeño minero informal no obtiene crédito porque es informal.

No puede comprar mejor equipo porque no obtiene crédito.

Tiene baja productividad porque utiliza equipo insuficiente.

Tiene dificultades ambientales porque carece de tecnología.

Y no puede financiar la tecnología porque continúa siendo informal.

La respuesta no puede ser tolerar indefinidamente la informalidad.

Pero tampoco puede consistir únicamente en perseguirla.

El Banco Mundial ha insistido recientemente en la necesidad de profesionalizar la minería artesanal y de pequeña escala mediante regulación, asistencia, mejores condiciones laborales, sostenibilidad y acceso a oportunidades económicas. Formalizar debería significar incorporar.

No simplemente sancionar.

Hace falta una arquitectura financiera minera

El problema de América Latina no se resolverá con un único fondo. Necesita una escalera.

La exploración temprana necesita capital de riesgo y apoyo técnico. La etapa de recursos necesita estudios, metalurgia y capital especializado. La prefactibilidad requiere fondos de desarrollo y coinversión. La construcción puede utilizar deuda, equity, garantías y offtakes. La operación puede acceder a capital de trabajo, leasing y crédito convencional.

Un pequeño productor que ya vende oro no debería recorrer el mismo proceso financiero que una empresa que solamente posee una anomalía geoquímica.

Segmentar el riesgo permitiría segmentar el capital.

También abriría espacio para fondos regionales de minería, family offices, inversionistas institucionales, fondos de private equity especializados, refinadores, proveedores de equipos y bancos de desarrollo.

El BID lanzó en 2026 una iniciativa regional precisamente para combinar financiamiento, asistencia técnica y alianzas a lo largo de la cadena minera latinoamericana. Es una señal de que las instituciones multilaterales están comenzando a reconocer que la disponibilidad geológica de la región necesita una infraestructura financiera equivalente.

De pequeños mineros a empresas mineras

Tal vez ése sea el cambio más importante. América Latina no necesita solamente financiar minas pequeñas. Necesita ayudar a transformar pequeños mineros en pequeñas y medianas empresas mineras.

Eso implica geología profesional, contabilidad, seguridad, metalurgia, cumplimiento ambiental, tecnología, trazabilidad, gobierno corporativo y acceso permanente a capital. La recompensa puede ser considerable.

Una mina pequeña que se formaliza compra maquinaria, contrata personal, utiliza laboratorios, consume energía, demanda transporte, compra explosivos, contrata servicios geológicos, utiliza talleres y paga impuestos. Alrededor de ella aparece una cadena económica.

En regiones alejadas de los grandes centros urbanos, esa cadena puede convertirse en una fuente extraordinariamente importante de actividad productiva.

El oro está ahí. La experiencia minera también. Lo que falta es construir el puente entre ambos y el capital.

El verdadero reto para Latinoamérica no es convencer al sistema financiero de que ignore los riesgos de la minería. Es construir mecanismos que permitan entenderlos, medirlos, reducirlos y distribuirlos correctamente.

Cuando eso ocurra, muchos proyectos que hoy parecen demasiado pequeños para la banca y demasiado grandes para financiarse con recursos propios podrán convertirse en empresas formales, productivas y sostenibles.

Y ésa puede ser una de las mayores oportunidades desaprovechadas de la minería latinoamericana.

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