Comercio Internacional
El comercio mexicano ante una nueva frontera económica

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El comercio mexicano ante una nueva frontera económica

Nearshoring, inteligencia artificial, T-MEC e informalidad están redefiniendo las reglas para millones de negocios en México. Para Sonora, la integración económica con Arizona convierte estos desafíos en una oportunidad particularmente relevante.

Dr. Luis Núñez Noriega·06 de octubre de 2026·7 min

El comercio en México atraviesa una de las transformaciones más profundas de las últimas décadas. El comerciante mexicano compite al mismo tiempo con plataformas digitales, cambios regulatorios, nuevas exigencias laborales, cadenas globales de suministro, consumidores que compran desde el teléfono y un entorno comercial norteamericano cuyas reglas vuelven a discutirse.

La magnitud del sector explica por qué esta transformación importa para toda la economía.

Los Censos Económicos 2024 del INEGI muestran que 44.6% de los establecimientos del país pertenecen al comercio y que el sector concentra 26.4% del personal ocupado. En el universo del sector privado y empresas paraestatales, INEGI contabilizó más de 2.58 millones de unidades económicas comerciales. Es una de las principales estructuras de empleo, ingreso y circulación de capital del país.

México ha recibido el mensaje de que la relocalización de cadenas productivas puede atraer manufactura, centros logísticos, proveedores y capital. Pero una inversión industrial no transforma por sí sola una economía regional. Para que el nearshoring produzca desarrollo, su efecto debe derramarse hacia empresas locales de transporte, mantenimiento, alimentos, hospedaje, tecnología, construcción, servicios profesionales y, por supuesto, comercio.

Ahí se encuentra una de las principales oportunidades para las MiPyMEs mexicanas. Una nueva planta puede requerir miles de proveedores directos e indirectos, pero el pequeño negocio necesita formalidad, financiamiento, tecnología, certificaciones y capacidad administrativa para incorporarse a esas cadenas. Octavio de la Torre de Stéffano, presidente de CONCANACO SERVYTUR, ha insistido durante la revisión del T-MEC en que las MiPyMEs y los negocios familiares deben tener una participación mucho más efectiva en las cadenas regionales de valor y que la agenda comercial no puede permanecer limitada a las grandes corporaciones.

La revisión del T-MEC hace todavía más urgente esa discusión. El 1 de julio de 2026 Estados Unidos no aceptó renovar el acuerdo en su forma actual, aunque el tratado permanece vigente mientras continúan las conversaciones. Desde entonces, México y Estados Unidos han sostenido rondas bilaterales sobre reglas de origen, seguridad económica, acero, aluminio, automóviles, temas laborales, agricultura y pagos electrónicos.

La cuarta ronda, prevista inicialmente para septiembre, fue desplazada hacia octubre.

El comerciante mexicano debe observar el T-MEC desde una perspectiva mucho más amplia. Ya no se trata solamente de aranceles. Las nuevas conversaciones norteamericanas abarcan cadenas de suministro, contenido regional, comercio electrónico, propiedad intelectual, datos, seguridad económica y condiciones laborales. De la Torre lo ha resumido

desde el sector empresarial: la revisión debe "bajar al territorio". Es decir, debe tener consecuencias positivas para quienes realmente sostienen la actividad económica local.

La inteligencia artificial comienza a modificar inventarios, marketing, atención al cliente, análisis de ventas, fijación de precios, logística y administración. Para las grandes empresas, muchas de estas herramientas ya forman parte de su operación cotidiana. Para muchos pequeños comerciantes, todavía representan un territorio desconocido.

CONCANACO ha señalado que la digitalización dejó de ser opcional y que entre las principales barreras para adoptarla están la falta de capacitación, presupuesto y tiempo. Su mensaje más reciente sobre inteligencia artificial también es relevante: la tecnología debe utilizarse para elevar productividad y transformar tareas, no simplemente para desplazar trabajadores. En septiembre, el organismo estimó que cerca de tres millones de trabajadores mexicanos se encuentran en ocupaciones con alta exposición a la IA generativa, lo que obliga a pensar simultáneamente en productividad y capacitación.

En Sonora, esta brecha es palpable. Martín Zalazar Zazueta, presidente de FECANACO Sonora y CANACOPE Hermosillo, ha llamado a los comerciantes a incorporar herramientas digitales e inteligencia artificial para competir en un mercado que cambia rápidamente. Al mismo tiempo, ha advertido sobre el peso de la informalidad y de una estructura regulatoria que puede complicar la permanencia de pequeños negocios en la economía formal.

Javier Moreno Durán, presidente de CANACO Hermosillo, fue todavía más directo: en septiembre señaló que menos de 3% de los comercios establecidos de Hermosillo contaba con plataformas para ventas en línea. También se reportaron alrededor de 70 locales cerrados en el Centro de la ciudad, en un contexto de bajas ventas, rentas elevadas y dificultades de negocios tradicionales para migrar hacia nuevos canales de comercialización.

Un comercio sonorense que combina tienda física, catálogo digital, pagos electrónicos, redes sociales, entrega a domicilio y herramientas de inteligencia artificial para administrar inventarios puede ampliar enormemente su mercado sin convertirse en una gran corporación. La transformación digital democratiza capacidades que hace pocos años estaban reservadas a empresas con departamentos completos de mercadotecnia y análisis de datos.

La informalidad amenaza con dividir al sector en dos economías. Durante el primer trimestre de 2026, la tasa nacional de informalidad laboral fue de 54.8%, de acuerdo con INEGI. En Sonora, los dirigentes empresariales han advertido además que la informalidad comercial genera una competencia desigual para quienes pagan impuestos, seguridad social, permisos, rentas y costos regulatorios.

Octavio de la Torre ha planteado el problema de manera adecuada: la informalidad no es solamente una cuestión recaudatoria. También limita el acceso al crédito, tecnología, seguridad social e innovación. La respuesta, por ello, no puede ser únicamente aumentar inspecciones. Formalizar debe ser más fácil, menos costoso y más útil para el empresario.

Si cumplir representa una barrera administrativa superior a operar fuera de la ley, el sistema genera incentivos contrarios a la formalización que pretende promover.

Los comerciantes formales enfrentan aumentos de costos, adaptación de jornadas, seguridad social y nuevas exigencias administrativas mientras compiten con actores informales que operan con estructuras completamente diferentes. La solución no puede ser debilitar los derechos laborales; debe consistir en elevar productividad, simplificar la regulación y ampliar la base de negocios que participan en la economía formal.

Para Sonora existe, además, una ventaja que pocos estados mexicanos poseen: Arizona.

México es el principal socio comercial de ese estado. En 2025 Arizona exportó a México 14.6 mil millones de dólares e importó alrededor de 14 mil millones, con una relación cada vez más vinculada a equipo de cómputo, componentes eléctricos y semiconductores. En agosto de 2026, la Secretaría de Economía mexicana y Arizona State University formalizaron una colaboración orientada precisamente a innovación, semiconductores, tecnología y formación de talento.

Para el comercio sonorense esto debe significar mucho más que compras de fin de semana.

La verdadera oportunidad es construir una región económica Sonora-Arizona en la que pequeñas y medianas empresas puedan proveer bienes y servicios en ambos lados de la frontera. Logística, alimentos, turismo médico, hospitalidad, tecnología, mantenimiento industrial, comercio especializado, servicios empresariales y comercio electrónico transfronterizo son espacios naturales para esta integración.

Sonora está conectado con uno de los ecosistemas tecnológicos de mayor crecimiento en Norteamérica mientras una parte significativa de su comercio todavía no vende por internet.

Esa distancia entre potencial regional y capacidad empresarial es precisamente el espacio donde debe concentrarse la política económica.

El futuro del comercio mexicano será híbrido, tecnológico y regional. El negocio que sobreviva será aquel capaz de atender personalmente a su cliente y al mismo tiempo venderle por una pantalla; aquel que pueda aprovechar el nearshoring sin depender de una sola gran empresa; aquel que adopte inteligencia artificial sin perder el valor humano de su servicio; y aquel que encuentre en la formalidad una plataforma para crecer y no una condena burocrática.

México necesita entender que sus comerciantes no son solamente el último eslabón de la cadena productiva. Son la infraestructura cotidiana que conecta producción y consumo, transforma salarios en demanda y mantiene vivas las economías locales. Si el T-MEC abre una nueva etapa de integración norteamericana, si el nearshoring continúa reorganizando las cadenas de valor y si la inteligencia artificial cambia la manera de hacer negocios, el comercio mexicano debe ocupar un lugar central en esa transformación.

Para Sonora, la oportunidad es aún mayor. Tenemos frontera, industria, minería, agroindustria, turismo, manufactura avanzada y una relación económica histórica con Arizona. El siguiente paso consiste en lograr que esa integración también llegue al mostrador, al restaurante, a la empresa familiar y al pequeño proveedor. El futuro

económico de la región dependerá, en buena medida, de nuestra capacidad para conseguirlo.

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