Sector Industrial
De atraer inversión a construir industria: el reto que México tiene enfrente
La industria mexicana atraviesa un punto de inflexión. Nuestro país conserva una posición privilegiada dentro de Norteamérica, mantiene una sólida capacidad exportadora y participa en una de las regiones económicas más importantes del mundo. Sin embargo, el siguiente paso debe ir más allá de atraer nuevas plantas o incrementar las cifras de inversión: México necesita lograr que esa dinámica genere mayores capacidades productivas dentro del territorio nacional. En entrevista con Es la Economía…, María de Lourdes Medina Ortega, presidenta nacional de CANACINTRA, puso el énfasis precisamente en esa transformación. Su planteamiento parte de una realidad: el nearshoring representa una oportunidad extraordinaria, pero su verdadero impacto dependerá de nuestra capacidad para integrar proveedores nacionales, talento especializado, centros de investigación, tecnología, servicios y financiamiento alrededor de las empresas que están llegando al país. La discusión es particularmente relevante porque México cuenta hoy con condiciones para fortalecer una política industrial de largo plazo. El Gobierno Federal ha colocado nuevamente sobre la mesa conceptos como contenido nacional, desarrollo de proveedores, sectores estratégicos y fortalecimiento de pequeñas y medianas empresas. El reto será convertir esos objetivos en proyectos concretos que lleguen hasta las regiones industriales y las empresas que diariamente buscan crecer. Para una MIPYME mexicana, incorporarse como proveedora de una gran empresa no ocurre automáticamente. Se requieren certificaciones, tecnología, acceso al crédito, capacitación, procesos administrativos sólidos y capacidad para cumplir estándares internacionales. Ahí existe uno de los espacios más importantes para la colaboración entre gobierno, iniciativa privada, organismos empresariales, universidades y banca de desarrollo. La propia presidenta de CANACINTRA identifica el financiamiento como una herramienta indispensable para que las empresas puedan invertir en maquinaria, tecnología y expansión. A ello se suman desafíos estructurales como energía, infraestructura, agua, logística y certeza regulatoria, factores que terminan determinando la competitividad de cualquier región industrial. México tampoco debe conformarse con competir únicamente por su cercanía con Estados Unidos. Nuestra ventaja debe evolucionar hacia una industria capaz de diseñar, desarrollar, innovar y generar conocimiento. Sonora representa un buen ejemplo de esta nueva geografía económica. Su frontera con Arizona, conexión con el Pacífico y experiencia en minería, automotriz, aeroespacial, electrónica y manufactura le permiten aspirar a integrarse a cadenas productivas cada vez más sofisticadas. La presidenta nacional de CANACINTRA destacó precisamente el potencial del estado dentro de la estructura industrial de Norteamérica. La oportunidad existe. Ahora debemos convertirla en una estrategia de largo plazo. La próxima etapa industrial de México debería medirse no solamente por cuántas inversiones llegan, sino por cuántas empresas mexicanas crecen alrededor de ellas, cuánto conocimiento permanece en el país y cuánto valor agregado somos capaces de generar. Esa será la diferencia entre recibir inversión y verdaderamente convertirla en desarrollo económico.



