Economía
México ante el reto de convertir estabilidad en crecimiento
El Segundo Informe de Claudia Sheinbaum refleja avances relevantes, pero también plantea la necesidad de acelerar productividad, inversión y generación de empleos de calidad
El Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ofrece un balance económico con claroscuros, pero también con señales que permiten mirar hacia adelante con moderado optimismo. México ha mantenido estabilidad macroeconómica en un entorno internacional complejo y comienza a mostrar una recuperación más consistente de la actividad productiva. Uno de los resultados más relevantes es la Inversión Extranjera Directa (IED). En el primer semestre de 2026 México captó 34 mil 968 millones de dólares, cifra récord para un primer semestre. Es una señal positiva de confianza y confirma que nuestro país mantiene un atractivo importante para las empresas globales. También destaca el comportamiento reciente de la economía. El INEGI estimó que el PIB creció 1.5% en el segundo trimestre de 2026 respecto al trimestre anterior y 2.1% a tasa anual, después de un primer trimestre complicado. En paralelo, el número de personas ocupadas superó los 60 millones, máximo histórico. Estos indicadores deben valorarse positivamente. Sin embargo, sería un error confundir recuperación con crecimiento estructural. El gran desafío de México sigue siendo elevar su capacidad para crecer de manera sostenida por encima de las tasas que hemos observado durante los últimos años. Aquí aparece una consideración fundamental: no toda la IED tiene el mismo impacto económico. Una parte importante corresponde a reinversión de utilidades. El reto consiste en atraer cada vez más proyectos nuevos, especialmente aquellos capaces de incorporar tecnología, desarrollar proveedores nacionales y generar empleos de mayor productividad. Las oportunidades son enormes. La revisión del T-MEC, el nearshoring, la integración de cadenas productivas con Estados Unidos, el desarrollo de semiconductores, inteligencia artificial, electromovilidad, energías limpias, infraestructura logística y modernización industrial pueden convertirse en motores de una nueva etapa de crecimiento. Para aprovecharlas necesitamos certeza jurídica, energía suficiente y competitiva, infraestructura moderna, seguridad, simplificación regulatoria y, sobre todo, talento especializado. México tiene hoy una ventana de oportunidad que no estará abierta indefinidamente. El Plan México puede ser una plataforma estratégica si consigue vincular inversión pública y privada con innovación, productividad y desarrollo regional. El balance de estos dos primeros años permite reconocer avances importantes. Pero la verdadera prueba comienza ahora: convertir estabilidad en crecimiento, inversión en productividad y crecimiento en mejores empleos y bienestar. México tiene las condiciones para dar ese salto. La oportunidad está frente a nosotros; aprovecharla dependerá de la capacidad de construir una economía más productiva, competitiva e incluyente.



