Innovación y Tecnología
Inteligencia artificial y salud: la revolución que está transformando la medicina
Imagine que una mujer acude a una consulta médica de rutina. No presenta síntomas alarmantes, pero sus antecedentes familiares, estudios de laboratorio e imágenes clínicas contienen señales que podrían anticipar el desarrollo de una enfermedad. Un sistema de inteligencia artificial analiza esa información en segundos, identifica patrones difíciles de reconocer mediante una revisión convencional y alerta al especialista sobre la conveniencia de realizar estudios adicionales. El médico examina los resultados, conversa con su paciente y determina los siguientes pasos. Quizá esa intervención permita descubrir una enfermedad cuando todavía puede tratarse con mayores posibilidades de éxito.
Esta escena, que hace apenas unas décadas habría parecido parte de una película de ciencia ficción, representa una de las transformaciones más importantes que está experimentando la medicina contemporánea. La inteligencia artificial (IA) está modificando nuestra capacidad para diagnosticar enfermedades, desarrollar medicamentos, personalizar tratamientos, administrar hospitales y anticipar riesgos para la salud pública.
En mi libro Inteligencia Artificial: disrupción e innovación en México, publicado en 2024, analizo cómo esta tecnología constituye una nueva fuerza de transformación económica y social. Entre sus múltiples aplicaciones, la medicina destaca por sus consecuencias sobre el bienestar humano. A diferencia de otras innovaciones, cuyos beneficios se expresan principalmente en productividad o rentabilidad, la inteligencia artificial aplicada a la salud tiene el potencial de contribuir directamente a prolongar vidas, prevenir enfermedades y mejorar la calidad de la atención.
DE LA MEDICINA REACTIVA A LA MEDICINA PREDICTIVA
Durante siglos, buena parte de la práctica médica se ha organizado alrededor de una secuencia relativamente sencilla: una persona presenta síntomas, consulta a un especialista, recibe un diagnóstico y comienza un tratamiento.
La inteligencia artificial está contribuyendo a modificar ese paradigma. Su capacidad para procesar enormes volúmenes de información permite identificar asociaciones entre antecedentes familiares, características genéticas, hábitos de vida, resultados de laboratorio e imágenes médicas.
Con ello, la medicina puede avanzar hacia un modelo más preventivo, predictivo y personalizado, aunque la utilidad de cada aplicación debe comprobarse científicamente.
Por ejemplo, determinados algoritmos pueden ayudar a identificar pacientes con mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, complicaciones de diabetes o ciertos tipos de cáncer. El propósito no consiste en reemplazar el criterio médico, sino en proporcionar información adicional para intervenir oportunamente.
Esta transformación tiene consecuencias económicas importantes. Atender una enfermedad avanzada suele requerir procedimientos complejos, hospitalizaciones prolongadas, medicamentos costosos y rehabilitación. Detectar oportunamente determinados padecimientos puede evitar sufrimiento y reducir gastos, siempre que los programas preventivos demuestren su efectividad y sean accesibles para la población.
UN SEGUNDO PAR DE OJOS PARA LOS MÉDICOS
Uno de los campos donde la inteligencia artificial presenta avances verificables es el análisis de imágenes médicas.
Radiografías, tomografías, resonancias magnéticas, mamografías y estudios de patología contienen enormes cantidades de información. Los sistemas de aprendizaje profundo pueden entrenarse para identificar patrones relacionados con determinadas enfermedades y señalar regiones que merecen una revisión especializada.
Un ejemplo significativo es el estudio sueco MASAI, cuyos resultados publicados en 2026 en The Lancet analizaron a más de 105 mil mujeres. La interpretación de mamografías asistida por inteligencia artificial alcanzó una sensibilidad de 80.5%, frente a 73.8% del procedimiento convencional de doble lectura, manteniendo una especificidad de 98.5% en ambos grupos.
Los resultados muestran que determinadas herramientas pueden mejorar procesos de detección y disminuir la carga de interpretación de estudios. Sin embargo, no significan que cualquier sistema de IA sea superior al diagnóstico humano ni que sus resultados puedan trasladarse automáticamente a todos los hospitales.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) informó que, hasta septiembre de 2026, había autorizado más de 1,600 dispositivos médicos habilitados con inteligencia artificial. Estas tecnologías incluyen aplicaciones relacionadas con radiología, cardiología, neurología y otras especialidades.
Estamos, por tanto, ante una realidad clínica en expansión y no solamente frente a una expectativa tecnológica.
MEDICINA PERSONALIZADA: CADA PACIENTE ES DIFERENTE
Otra revolución ocurre en la selección de tratamientos.
Tradicionalmente, pacientes con diagnósticos semejantes podían recibir terapias similares, aunque sus respuestas fueran diferentes. Hoy sabemos que las características genéticas, metabólicas y fisiológicas pueden influir considerablemente en la efectividad de determinados medicamentos.
La inteligencia artificial facilita el análisis conjunto de esa información y puede contribuir a identificar alternativas terapéuticas apropiadas para perfiles específicos.
En oncología, por ejemplo, se investigan y utilizan herramientas que combinan información molecular, imágenes e historiales clínicos para apoyar decisiones terapéuticas. En otras áreas, los modelos predictivos permiten estudiar posibles interacciones farmacológicas y riesgos de complicaciones.
El objetivo es avanzar hacia una medicina que no solamente se pregunte qué enfermedad tiene una persona, sino cuáles son las características particulares de esa persona y qué tratamiento ofrece mejores perspectivas conforme a la evidencia disponible.
Esta evolución también abre oportunidades para la industria farmacéutica, la biotecnología y los centros de investigación.
Un ejemplo extraordinario es AlphaFold 3, presentado en 2024 mediante una investigación publicada en Nature. Este sistema permite predecir estructuras e interacciones de proteínas y otras moléculas biológicas, facilitando investigaciones relacionadas con el funcionamiento celular y el diseño de posibles tratamientos.
Aunque estas predicciones requieren comprobación experimental y no equivalen por sí mismas al descubrimiento de medicamentos eficaces, representan un avance científico de enorme importancia.
HOSPITALES MÁS INTELIGENTES Y ATENCIÓN SIN FRONTERAS
La transformación también ocurre fuera de los laboratorios y consultorios.
La inteligencia artificial puede utilizarse para organizar citas, apoyar la elaboración de expedientes clínicos, administrar inventarios, anticipar necesidades de personal y optimizar la utilización de camas hospitalarias.
Un hospital que administra mejor sus recursos puede reducir tiempos de espera, evitar duplicidades y destinar mayor atención a quienes realmente la necesitan.
Asimismo, los dispositivos de monitoreo remoto permiten registrar indicadores como ritmo cardíaco, glucosa o determinados parámetros fisiológicos. Cuando estos sistemas incorporan algoritmos clínicamente validados, pueden generar alertas que ayuden a identificar situaciones que requieren atención profesional.
Estas herramientas resultan especialmente atractivas para personas con enfermedades crónicas, adultos mayores y habitantes de comunidades alejadas de centros especializados.
Pensemos en una población rural de Sonora donde el acceso a especialistas exige recorrer largas distancias. La combinación de conectividad, telemedicina, equipamiento diagnóstico e inteligencia artificial podría facilitar evaluaciones oportunas y seguimiento médico sin tantos desplazamientos.
No obstante, sería un error suponer que basta con instalar programas informáticos. Su funcionamiento requiere infraestructura, personal capacitado, protocolos de atención y mecanismos para atender oportunamente las alertas.
MÉXICO ANTE UNA OPORTUNIDAD HISTÓRICA
Para México, esta revolución representa una oportunidad estratégica, pero también evidencia desafíos estructurales.
Nuestro sistema de salud enfrenta desigualdades territoriales, saturación de servicios, fragmentación institucional y dificultades para compartir información médica.
El Programa Sectorial de Salud 2025-2030 reconoce estas limitaciones. Según su diagnóstico, apenas 36.32% de las unidades médicas del país había adoptado sistemas de expediente clínico electrónico en 2023.
Sin información organizada, confiable e interoperable, la inteligencia artificial difícilmente podrá desplegar todo su potencial.
Existen, sin embargo, iniciativas relevantes. En agosto de 2026, la Secretaría de Salud y el IMSS anunciaron un convenio para impulsar el expediente clínico electrónico y facilitar el intercambio seguro de información entre instituciones. También se han anunciado proyectos de interpretación de mastografías asistida por inteligencia artificial dentro del sistema público.
Estos esfuerzos deben evaluarse por sus resultados: diagnósticos oportunos, continuidad de tratamientos, seguridad del paciente y mejoras comprobables en el acceso.
México cuenta con universidades, hospitales, investigadores, empresas tecnológicas y profesionales capaces de participar en este proceso. Es necesario fortalecer su colaboración para desarrollar soluciones que respondan a los problemas sanitarios nacionales.
Para Sonora, las oportunidades incluyen investigación biomédica, telemedicina para comunidades dispersas, seguimiento de enfermedades crónicas, atención en zonas fronterizas y colaboración científica con Arizona.
La articulación entre universidades, instituciones de salud, empresas y centros de investigación podría convertir estas capacidades en proyectos con beneficios sociales y económicos.
EL GRAN DESAFÍO: TECNOLOGÍA CON RESPONSABILIDAD HUMANA
No todo son oportunidades. La inteligencia artificial también puede equivocarse, reproducir discriminaciones existentes en los datos, generar información clínica falsa o comprometer la privacidad de los pacientes.
Un algoritmo entrenado principalmente con información de determinadas poblaciones puede funcionar de manera diferente cuando se aplica a personas con características distintas.
La Organización Mundial de la Salud ha advertido sobre estos riesgos y recomienda mecanismos de supervisión, transparencia, evaluación independiente y protección de los derechos humanos.
Existe además una pregunta fundamental: ¿quién responde cuando una recomendación automatizada provoca un daño?
La responsabilidad no puede desaparecer detrás de un programa informático. Desarrolladores, instituciones, autoridades y profesionales sanitarios deben establecer obligaciones claras según las funciones y riesgos de cada tecnología.
Por ello, la formación médica también deberá evolucionar. Los profesionales de la salud necesitarán comprender las posibilidades de la inteligencia artificial, interpretar críticamente sus resultados y reconocer sus limitaciones.
La innovación verdaderamente valiosa no será aquella que utilice más algoritmos, sino la que produzca mejores resultados clínicos y fortalezca la confianza entre médicos y pacientes.
LA MEDICINA DEL FUTURO DEBE SER MÁS HUMANA
La inteligencia artificial está abriendo una nueva etapa en la historia de la medicina. Sus avances pueden contribuir a detectar enfermedades antes de que progresen, mejorar decisiones terapéuticas, acelerar investigaciones científicas y ampliar el acceso a servicios especializados.
Pero el futuro no debe construirse alrededor de una competencia entre médicos y máquinas. Debe fundarse en su complementariedad.
La tecnología puede procesar millones de datos, identificar patrones y generar recomendaciones. El profesional de la salud aporta experiencia clínica, juicio ético, comprensión del contexto y sensibilidad ante el sufrimiento humano.
Para México, el desafío consiste en transformar el potencial tecnológico en políticas públicas, capacidades científicas, infraestructura y servicios que beneficien a toda la población.
La verdadera revolución no llegará simplemente cuando una máquina sea capaz de identificar una enfermedad con extraordinaria precisión. Llegará cuando ese conocimiento permita que una persona reciba atención oportuna, independientemente de sus ingresos, lugar de residencia o condición social.
Porque, al final, el mayor éxito de la inteligencia artificial en la medicina no será hacer más inteligentes a las máquinas, sino hacer más accesible, preventiva, eficaz y humana la atención de la salud.



