Liderazgo Empresarial
“Lo peor que le puede pasar a un soñador, es quedarse con la duda de lo que pudo haber sido”
Carlos, usted nació en Ciudad Obregón y proviene de una familia con una profunda tradición musical. Su bisabuelo incluso formó parte de la Orquesta de los Caballeros de Álamos. ¿Qué tanto influyó esa herencia familiar en la decisión de dedicar su vida a la música? "Todo comenzó en la casa de mis abuelos, en la Colonia Campestre. Recuerdo perfectamente que mi bisabuelo se ponía a tocar el violín. Cuando escuchaba las primeras notas, dejaba de jugar con mis carritos y corría a sentarme en el suelo, solo para escucharlo. Él notó esa fascinación y comenzó a enseñarme a leer y escribir notas musicales, incluso antes de que yo tocara un instrumento. Crecí muy contento siguiendo esa línea familiar; hoy me siento como un portador de una antorcha que ha pasado de generación en generación". Su formación musical comenzó prácticamente en casa, de la mano de su bisabuelo. ¿Qué recuerda de aquellas primeras enseñanzas y de lo que significó aprender música dentro de la familia? "Para mí significó descubrir un mundo fascinante a través de un sonido tan bello como el del violín. Ver la emoción de mi bisabuelo al percatarse de que un niño de la familia compartía su mismo interés por la música creó un vínculo muy especial que marcó mi vocación para siempre". A mediados de los años noventa su familia se trasladó a Mazatlán, donde estudió piano con el maestro Antonio González y posteriormente formó parte del Coro Ángela Peralta. ¿Qué representó esa etapa en su desarrollo como músico? "Fue una época fundamental. En Ciudad Obregón ya había agotado mis posibilidades de crecimiento musical -recuerdo con muchísimo cariño a mi entrañable y ya fallecida maestra, Artemisa Martínez-, y mi mamá estaba consciente de que necesitábamos emprender el vuelo hacia otros horizontes. Un amigo recomendó ir a Mazatlán para buscar al maestro Antonio González, un pianista y director coral extraordinario que en ese momento dirigía el Coro Ángela Peralta. Era un maestro muy estricto, pero con un dominio absoluto de la música, y me guió de forma impecable en esos años". Más adelante llegó al Conservatorio de las Rosas, en Morelia, donde estudió piano y órgano. ¿En qué momento descubrió que su verdadera vocación también estaba en el canto? "Llegar al Conservatorio de las Rosas fue un paso muy importante, posible gracias al invaluable apoyo con una beca que me brindaron el licenciado Javier Lamarque y varias familias de Cajeme. Aunque mi paso por Morelia fue breve —ya que poco después recibí la notificación de una beca para estudiar piano en la Universidad de Oregon—, guardo un profundo agradecimiento a los maestros que me guiaron durante ese año, como Luis Berber, Miriam Pérez Fleitas y Mercedes de León. El descubrimiento del canto vino después, por un giro inesperado del destino ya estando en Estados Unidos". Estando en Morelia recibió una beca para continuar sus estudios en la Universidad de Oregon. ¿Cómo cambió su vida y su carrera aquella oportunidad de estudiar en Estados Unidos? "Todo se desató gracias a un grupo de turistas estadounidenses que me escucharon tocar en un restaurante del Centro Histórico de Mazatlán -esta historia merece un mini libro-; a través de ellos conecté con el maestro Víctor Steinhardt, lo que me abrió las puertas para estudiar la licenciatura en piano en la Universidad de Oregón. Conseguir una beca para licenciatura en Estados Unidos es extremadamente difícil, por lo que fue un logro enorme. Sin embargo, al terminar mi segundo año, sufrí una lesión en el tendón del cuarto dedo de la mano izquierda. ¡Para un pianista, eso es devastador! El médico me ordenó parar por completo entre seis meses y un año. Como en el sistema estadounidense un estudiante de tiempo completo debe cubrir 18 créditos por periodo, tuve que buscar asignaturas para rellenar la cuota y me metí a clases básicas de canto, algo que al principio ni siquiera me interesaba. Pero las cosas fluyeron de manera increíble: avancé con muchísima velocidad y terminé titulándome del programa de canto en tiempo récord. ¡Así inició esta nueva aventura vocal!". En Oregon realizó la licenciatura y posteriormente una maestría en canto. ¿Qué encontró en el sistema de formación musical estadounidense que complementara lo que ya había aprendido en México? "Encontré un entrenamiento sumamente intensivo, tanto en el instrumento como en las materias complementarias, lo cual forma a un músico verdaderamente integral. Allá la educación artística comienza desde la primaria; es muy común que los niños aprendan a tocar un instrumento o formen parte de coros escolares. Por eso insisto en que en México necesitamos apostar y apoyar mucho más la educación artística desde las etapas tempranas". Después llegó a Europa para estudiar en Stuttgart, Alemania, dentro del programa Solistenklasse, bajo la tutela del reconocido tenor mexicano Francisco Araiza. ¿Qué significó para usted tener como maestro a una figura de esa dimensión? "Recuerdo que fui a Morelia a visitar a mi familia y me enteré de que el maestro Francisco Araiza daría una clase magistral en el Conservatorio de las Rosas. Me registré e interpreté un lied (canción alemana), lo cual al parecer llamó su atención. Meses después, me enteré de un curso que él mismo impartiría en Austria; me consiguió una beca para asistir, interpreté de nuevo un lied y el aria Il mio tesoro de Don Giovanni. Al terminar, Araiza y el director del programa, Friedrich Madesbacher, me dijeron directamente que debía ir a estudiar a la Universidad de Música de Stuttgart bajo su tutela. Y así lo hice". También tuvo contacto con importantes maestros y participó en agrupaciones como el Estudio de Ópera de Stuttgart y el Oregon Opera Ensemble. ¿Cuáles fueron las experiencias que más contribuyeron a consolidar su carrera como tenor? "Ser aceptado en ese Estudio de Ópera fue un reto tremendo: Había solo cinco plazas disponibles para más de 120 concursantes de toda Europa. Ahí absorbí un repertorio operístico inmenso y participé en producciones memorables que ganaron importantes premios europeos. Toda esa vivencia me dio una seguridad escénica inquebrantable y comenzó a abrirme las puertas con otros teatros y empresarios artísticos". Su formación académica le ha permitido transitar por distintos géneros musicales sin perder su calidad vocal. ¿Qué significa para un cantante clásico explorar otros géneros y qué cuidados debe tener para conservar su identidad vocal? "Es vital tener la mente abierta y no encasillarse únicamente en la ópera o en un solo estilo. Recuerdo una lección en la que interpretaba un lied y el maestro Dietrich Fischer-Dieskau me dijo de pronto: 'Imagina cómo cantaría esta canción Lucho Gatica''. Aquel comentario me sorprendió muchísimo, porque jamás había dimensionado cómo un género musical puede nutrir e inspirar la interpretación de otro de manera tan profunda". Lo hemos visto acompañado de mariachi y usted ha señalado que el cambio de género ha sido una gran experiencia. ¿Qué descubrió de usted mismo como intérprete al acercarse a la música mexicana? "Los mexicanos nacemos con una facilidad natural para nuestra música. Cualquier persona, sin importar si es fan del rock o del reguetón, conoce al menos una canción de José Alfredo Jiménez. Acercarme a la música mexicana, ya sea de concierto o popular, ha enriquecido de forma muy bella mi enfoque interpretativo". Su producción discográfica "Siempre mía" tuvo una recepción particularmente importante en Estados Unidos. ¿Por qué considera que este proyecto encontró una respuesta tan favorable en ese público? "Hay una gran apreciación por el repertorio latinoamericano en Estados Unidos, tanto por parte de la comunidad hispana como del público anglosajón. Colaborar con músicos talentosos como Misael Barraza Díaz y Edwin Guevara Gutiérrez en proyectos como Latíntimo ha sido una experiencia maravillosa. Y aunque disfruto mucho esos escenarios internacionales, espero pronto tener una presencia mucho más constante en México para compartir esta música". ¿Qué diferencias encuentra entre la manera en que el público estadounidense y el mexicano reciben propuestas musicales que combinan la formación clásica con géneros populares? "El público estadounidense suele estar muy ávido de propuestas musicales innovadoras y frescas. En cambio, en ciertos sectores del público mexicano a veces percibo cierta resistencia ante cualquier intento de "modernizar" el repertorio tradicional. Es una cuestión de costumbre: en cuanto se dan la oportunidad de escuchar estas piezas varias veces, comprenden que la melodía y el texto siguen siendo exactamente los mismos; lo único que cambia es la 'envoltura', pero la esencia permanece intacta". La Misa de la Misericordia fue presentada al Papa Francisco en 2017. ¿Qué significó personalmente y profesionalmente que una obra suya llegara hasta el Vaticano y fuera presentada ante el Santo Padre? "Fue un honor inolvidable. Como anécdota, después de la audiencia formal y de despedirme del Cardenal Ravasi —a quien recuerdo con mucho afecto—, me quedé unos momentos a solas en la Capilla Sixtina. De repente, entró el Papa... ¡completamente solo! Naturalmente me acerqué a saludarlo. Le pregunté si a él le gustaba cantar (sabemos que era muy fan del tango), y me respondió con mucha gracia: "Carlitos, te aseguro que no vas a querer escucharme cantar". Varias de sus composiciones son interpretadas internacionalmente. ¿Qué siente un compositor cuando una obra que nació de una experiencia personal comienza a formar parte del repertorio de otros intérpretes en diferentes países? "Es un gusto enorme y un honor indescriptible. A veces me topo con transmisiones de conciertos o liturgias en línea donde interpretan mi música. Hace un par de años, mientras caminaba frente a la catedral en Viena durante unas grabaciones, me acerqué a un músico cantor que descansaba un momento. Charlamos, le dije que yo también era cantante y que era compositor y, cuando escuchó mi nombre, me preguntó: '¿Es usted el compositor de 'Tu es sacerdos'? ¡La hemos cantado en el coro!'. Ese tipo de sorpresas te llenan el alma como músico y como persona". Usted también fundó "Ars Vocalis", un festival que ofrece especialización vocal a alumnos mexicanos con maestros internacionales. ¿Qué lo motivó a crear este proyecto y qué importancia tiene acercar a los jóvenes mexicanos a maestros de talla internacional? "Me motivó mi propia historia. En México hay músicos con un talento extraordinario, pero que muchas veces chocan con la falta de oportunidades de desarrollo profesional. Quise crear una academia de verano que ofreciera resultados artísticos reales. Las primeras ediciones las realizamos en Michoacán gracias al respaldo de CONACULTA, el gobierno estatal y el valioso impulso del Lic. Luis Esteban Murguía en el Centro Regional de las Artes. La última edición logramos traerla a Ciudad Obregón, mi tierra natal, gracias a la gestión realizada por mi amigo, Gerardo Salazar quien buscó apoyos de los tres niveles de gobierno y de personas apasionadas por la cultura como Faustino Félix Chávez, Leonel Esquer, la Sra. Rossana Bours y el Dr. Javier Herrera". Después de haber estudiado y trabajado en México, Estados Unidos y Alemania, ¿qué considera que necesita México para que sus jóvenes talentos musicales puedan desarrollar carreras internacionales sin tener que abandonar definitivamente el país? "Urge generar condiciones óptimas para crear programas culturales sólidos que garanticen oportunidades educativas y laborales estables para los cantantes en México. También es clave incentivar a los emprendedores culturales y fomentar el desarrollo de compañías de ópera y espacios de enseñanza musical a nivel estatal". Desde su experiencia como músico, cantante, compositor y administrador cultural, ¿cómo visualiza el futuro de la música clásica y de la formación vocal en México? "Honestamente, sin un apoyo decidido y constante de las instancias gubernamentales, el panorama se ve complejo. En México todavía no tenemos arraigada una cultura sólida de mecenazgo por parte de la iniciativa privada; los apoyos son reducidos y burocráticos. Herramientas federales como EFIARTES son valiosas, pero insuficientes para impulsar el desarrollo artístico que un país como el nuestro merece. Si el gobierno implementara verdaderos estímulos fiscales para emprendedores culturales, veríamos un avance tangible en beneficio de los artistas y de nuestra sociedad entera". ¿Que nuevas producciones musicales están en puerta y cuando tiene pensado una próxima presentación en sonora? . Recientemente tuve el gran honor de participar en la inauguración del Foro Náinari en Ciudad Obregón, acompañado por la maravillosa Orquesta Filarmónica de Sonora, aunque por ahora no tengo otra fecha agendada en el estado. En cuanto a estrenos, estoy preparando un nuevo álbum que verá la luz a principios del próximo año. Aún no tengo luz verde para revelar todos los detalles, ¡pero en cuanto sea posible les compartiré la fecha oficial de lanzamiento!". A manera de cierre, Carlos, usted salió de Ciudad Obregón, recorrió grandes instituciones musicales de México, Estados Unidos y Europa y construyó una carrera internacional. ¿Qué mensaje le daría hoy a un joven sonorense que tiene talento musical, pero que todavía no se atreve a perseguir su sueño? "Que lo peor que le puede pasar a una persona es quedarse con la duda de lo que pudo haber sido. Es completamente natural sentir miedo, dudas e incertidumbre en el camino; sin embargo, les aseguro que con los años uno mira hacia atrás y puede decir con orgullo: 'Hice lo que quise hacer'. Hay que luchar con fuerza para convertir los sueños en una realidad tangible".



