Responsabilidad Social
Hermosillo al volante: una tragedia que nos obliga a reflexionar
He tenido la oportunidad de llevar a mi familia de vacaciones a Cancún. Primero éramos tres, después cuatro y finalmente cinco. Al llegar al aeropuerto, nos enfrentábamos a una realidad: para trasladarnos juntos, debíamos contratar un vehículo con capacidad suficiente, porque en un sedán no podíamos viajar todos. Además, cuando viajábamos con niños pequeños, las sillas infantiles eran una medida indispensable de seguridad.
Recuerdo una anécdota que hoy me hace reflexionar. En una ocasión rentamos un sedán para trasladarnos tres adultos y tres niños entre Cancún y Playa del Carmen. Al llegar a un retén policial en Puerto Morelos, mis hijos, al ver las luces de las patrullas, comenzaron a decir: «¡Me agacho, papá!», como si así pudieran ocultar que viajábamos más personas de las permitidas. Hoy lo cuento como una experiencia familiar, pero también como una lección sobre las decisiones que tomamos al volante.
Esta reflexión cobra especial relevancia después de la tragedia ocurrida en el cruce de los bulevares Kino e Ignacio Soto, en Hermosillo, donde un choque entre un Toyota Corolla y un Chevrolet Aveo dejó cuatro personas fallecidas y otras lesionadas. Entre las víctimas había menores de edad. De acuerdo con las investigaciones difundidas por la Fiscalía, el conductor del Corolla circulaba a exceso de velocidad y bajo los efectos del alcohol.
Hay otro aspecto que las familias debemos considerar cuando contratamos un vehículo de transporte por aplicación: la cobertura del seguro. Estas pólizas tienen condiciones, límites y exclusiones que pueden influir en la atención de un siniestro. Si un vehículo transporta más pasajeros de los autorizados, podría enfrentar problemas de cobertura dependiendo de las condiciones del contrato. Esto no significa que todas las aseguradoras rechacen automáticamente el pago, pero sí nos obliga a preguntarnos si estamos poniendo en riesgo la protección económica de nuestra familia por intentar viajar todos en un vehículo que no tiene capacidad suficiente. Cuando se trata de nuestros hijos, respetar la capacidad autorizada y utilizar los sistemas de retención infantil adecuados no debería ser opcional.
Hermosillo ha cambiado y continúa creciendo. De acuerdo con el informe de indicadores 2026 de Hermosillo ¿Cómo Vamos?, el parque vehicular alcanzó 695,533 unidades en 2025, un incremento de 4.2% respecto al año anterior. Durante ese mismo periodo se registraron 9,136 siniestros viales. Son cifras que evidencian la dimensión del desafío de movilidad y seguridad vial que enfrenta nuestra ciudad.
Ante esta realidad, debemos insistir en medidas básicas, pero fundamentales: respetar los límites de velocidad y los semáforos, nunca combinar alcohol y conducción, utilizar el cinturón de seguridad y asegurar a los niños en sistemas de retención infantil adecuados para su edad y talla. También debemos verificar la capacidad autorizada de los vehículos y las condiciones de seguridad cuando contratamos un servicio de transporte por aplicación.
La seguridad vial no depende exclusivamente de las autoridades. Requiere infraestructura adecuada, vigilancia, educación y, sobre todo, decisiones responsables de cada conductor. También exige revisar las políticas de movilidad y ofrecer alternativas de transporte que respondan al crecimiento de la ciudad.
Ninguna familia debería enfrentar una pérdida que pudo prevenirse. Las calles son espacios compartidos y cada decisión al volante puede tener consecuencias para personas que ni siquiera conocemos.
Hermosillo necesita avanzar hacia una cultura de movilidad en la que la prisa nunca esté por encima de la vida. Porque llegar unos minutos antes jamás será más importante que regresar a casa con nuestra familia.



