Comercio Internacional
ProMéxico: una herramienta estratégica para aprovechar el nearshoring

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ProMéxico: una herramienta estratégica para aprovechar el nearshoring

La propuesta de Ildefonso Guajardo de recuperar un organismo nacional de promoción económica abre una discusión fundamental para el futuro del país. México tiene una oportunidad histórica para atraer inversiones y fortalecer su participación en las cadenas globales de valor, pero necesita una estrategia institucional que transforme las ventajas del nearshoring en desarrollo industrial, innovación, empleos y prosperidad regional.

Dr. Luis Núñez Noriega·31 de octubre de 2026·5 min

La propuesta de Ildefonso Guajardo de impulsar la creación de un nuevo ProMéxico plantea una reflexión necesaria sobre el futuro económico del país: ¿estamos preparados para aprovechar plenamente la reorganización de las cadenas globales de suministro y convertir el nearshoring en una fuente sostenida de crecimiento y desarrollo?

La relocalización de empresas, impulsada por las tensiones comerciales internacionales, la búsqueda de cadenas de suministro más seguras y la necesidad de acercar la producción a los principales mercados, representa una oportunidad extraordinaria para México. Nuestra ubicación geográfica, la integración comercial con Estados Unidos y Canadá, la experiencia manufacturera y la red de tratados internacionales constituyen ventajas competitivas difíciles de igualar.

Sin embargo, estas condiciones no garantizan por sí mismas la llegada de inversiones. Para competir exitosamente se requiere promoción internacional, certidumbre jurídica, infraestructura, capital humano y una estrategia que vincule las oportunidades globales con las capacidades productivas nacionales.

La pertinencia de recuperar ProMéxico Durante la 51 Convención Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación, celebrada en Monterrey, Guajardo planteó la necesidad de restablecer un esfuerzo institucional de promoción económica internacional, aprovechando la red diplomática mexicana y la participación del sector privado.

La propuesta merece atención. ProMéxico, creado en 2007 y extinguido en 2019, fue un organismo especializado en atraer inversión extranjera, promover exportaciones y facilitar la internacionalización de empresas mexicanas. Su desaparición dejó un espacio institucional que no ha sido sustituido plenamente mediante una estructura equivalente de promoción económica internacional.

La promoción de inversiones no puede limitarse a participar en ferias comerciales o realizar encuentros empresariales. Requiere identificar empresas interesadas en expandirse, desarrollar inteligencia de mercados, presentar oportunidades concretas, facilitar contactos y acompañar los proyectos hasta su materialización.

Por ello, recuperar una institución especializada constituye una medida pertinente, particularmente cuando otros países compiten activamente por atraer los mismos capitales, tecnologías e industrias.

El nearshoring exige una política activa México dispone de condiciones privilegiadas para integrarse a la reorganización industrial de Norteamérica. Sectores como el automotriz, aeroespacial, electrónico, dispositivos médicos, semiconductores y manufacturas avanzadas presentan oportunidades de expansión que podrían transformar la estructura productiva nacional.

Los flujos de inversión extranjera directa muestran que México conserva su atractivo internacional. No obstante, una proporción importante de esos recursos corresponde a reinversiones de empresas ya establecidas. El desafío consiste también en atraer nuevas compañías, nuevas tecnologías y procesos industriales de mayor valor agregado.

El nearshoring debe entenderse como una oportunidad de transformación económica, no solamente como un fenómeno de relocalización de fábricas. Su verdadero potencial radica en desarrollar proveedores nacionales, fortalecer pequeñas y medianas empresas, elevar la productividad y generar empleos especializados.

Para conseguirlo, México necesita pasar de una postura receptiva a una estrategia activa de atracción de inversiones. No basta con esperar que las empresas extranjeras identifiquen nuestras ventajas: debemos salir a buscarlas y presentarles proyectos concretos de negocios.

Un nuevo ProMéxico para una economía diferente La propuesta de Guajardo no debería interpretarse como un simple regreso al modelo institucional anterior, sino como la oportunidad de construir un organismo moderno, eficiente y orientado a resultados.

Un nuevo ProMéxico tendría que integrar la promoción internacional de inversiones, el desarrollo de proveedores nacionales, la inteligencia comercial y la coordinación entre los tres órdenes de gobierno. También debería trabajar directamente con universidades, centros de investigación, parques industriales y organizaciones empresariales.

Su estructura podría sustentarse en una alianza público-privada, con participación empresarial en la definición de prioridades, oficinas de representación en mercados estratégicos y mecanismos transparentes de evaluación.

Resulta indispensable que sus objetivos no se midan por el número de reuniones o misiones comerciales realizadas, sino por inversiones efectivamente materializadas, empleos generados, exportaciones adicionales y empresas mexicanas incorporadas a las cadenas globales de valor.

Igualmente importante sería adoptar un enfoque regional. México posee diferentes vocaciones productivas y cada entidad debe promover sus capacidades particulares, evitando que los beneficios del nearshoring se concentren exclusivamente en las regiones tradicionalmente industrializadas.

Sonora y su oportunidad de integración con Norteamérica Para Sonora, la recuperación de una institución de promoción económica internacional tendría una importancia estratégica. Nuestra entidad cuenta con una extensa frontera con Arizona, infraestructura carretera y ferroviaria, industria automotriz, actividad minera, capacidad agroindustrial y condiciones favorables para nuevas actividades manufactureras y tecnológicas.

La creciente relevancia de Arizona en la industria de semiconductores abre oportunidades para desarrollar cadenas de suministro complementarias en Sonora, especialmente en componentes electrónicos, manufactura especializada, servicios industriales, logística y formación de talento técnico.

También existen oportunidades en electromovilidad, energías limpias, procesamiento de minerales estratégicos y proveeduría para industrias de alta tecnología.

Sin embargo, estas posibilidades requieren coordinación. Es necesario vincular a las universidades y centros de investigación con las empresas, fortalecer la infraestructura industrial y construir una cartera de proyectos que pueda presentarse profesionalmente ante inversionistas internacionales.

Un nuevo ProMéxico podría contribuir a esta tarea mediante una estrategia que articule las capacidades del estado con los mercados de Estados Unidos, Canadá, Asia y Europa, fortaleciendo particularmente la integración económica Sonora-Arizona.

Convertir las oportunidades en desarrollo La propuesta de Ildefonso Guajardo llega en un momento decisivo. México cuenta con ventajas competitivas extraordinarias, pero enfrenta también limitaciones relacionadas con energía, agua, infraestructura, seguridad, certidumbre regulatoria y disponibilidad de talento especializado.

La promoción económica internacional no resolverá por sí sola estos desafíos, pero puede convertirse en un instrumento fundamental para coordinar esfuerzos, identificar oportunidades y orientar las decisiones de inversión.

La experiencia internacional demuestra que los países exitosos en la atracción de capital productivo no dependen únicamente de sus ventajas naturales. Construyen instituciones profesionales, establecen relaciones permanentes con inversionistas y desarrollan estrategias de largo plazo.

México necesita recuperar esa capacidad institucional, adaptándola a las exigencias de una economía caracterizada por la innovación tecnológica, la competencia geopolítica y la integración de las cadenas productivas.

El nearshoring representa una oportunidad histórica, pero no permanecerá indefinidamente disponible. Las empresas tomarán decisiones de inversión en función de las condiciones que encuentren y de la capacidad de los países para responder a sus necesidades.

Por ello, la creación de un nuevo ProMéxico no debe verse como un gasto administrativo adicional, sino como una inversión estratégica en competitividad, internacionalización y desarrollo nacional.

México no puede conformarse con ser un destino atractivo por su geografía. Debe convertirse en un socio estratégico por su capacidad productiva, su talento, su innovación y sus instituciones. Recuperar una política profesional de promoción económica internacional es un paso necesario para transformar la oportunidad del nearshoring en prosperidad duradera para los mexicanos.

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