Innovación y Tecnología
Semiconductores: del invento de Jack Kilby a la nueva geopolítica tecnológica

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Semiconductores: del invento de Jack Kilby a la nueva geopolítica tecnológica

Raúl Rentería·15 de septiembre de 2026·4 min

El pequeño circuito que cambió la economía mundial

En 1958, el ingeniero estadounidense Jack Kilby desarrolló el primer circuito integrado. La innovación parecía, en aquel momento, una solución esencialmente técnica: concentrar varios componentes electrónicos en una pequeña pieza de material semiconductor.

Sin embargo, aquel avance sentó las bases de una transformación que más de seis décadas después continúa modificando la economía mundial.

La evolución de los circuitos integrados hizo posible reducir progresivamente el tamaño de los dispositivos, aumentar su capacidad de procesamiento y disminuir sus costos. De esta revolución surgieron buena parte de las tecnologías que hoy resultan indispensables: computadoras, teléfonos inteligentes, sistemas de telecomunicaciones, equipos médicos, automóviles, radares, sensores y, más recientemente, las plataformas que impulsan la inteligencia artificial.

El semiconductor como activo estratégico

Hoy los semiconductores ya no pueden analizarse únicamente desde la perspectiva de la industria electrónica. Se han convertido en un recurso estratégico para la seguridad económica, tecnológica y nacional de los países.

Un automóvil moderno puede incorporar cientos o incluso miles de chips; los sistemas de asistencia a la conducción dependen de sensores y procesadores; los equipos médicos utilizan semiconductores para captar y procesar información; las redes de telecomunicaciones requieren circuitos cada vez más sofisticados y los centros de datos demandan cantidades crecientes de procesadores especializados.

La inteligencia artificial ha elevado todavía más su importancia. El entrenamiento y operación de modelos avanzados requieren una enorme capacidad de cómputo, lo que ha convertido a los procesadores especializados en un componente fundamental de la nueva economía digital.

El resultado es una realidad inédita: quien controla las tecnologías críticas de semiconductores posee una ventaja estratégica sobre sectores completos de la economía.

Una cadena global bajo presión

La fabricación de un semiconductor moderno implica una cadena de valor altamente especializada que comprende investigación y diseño, propiedad intelectual, fabricación de obleas, materiales y equipos especializados, empaquetado, pruebas y distribución.

Ningún país domina por sí solo todas estas etapas.

Esta interdependencia explica la creciente competencia entre Estados Unidos, China y Taiwán, así como el interés de otras economías por desarrollar capacidades propias y reducir su vulnerabilidad frente a interrupciones de suministro.

Taiwán ocupa una posición particularmente relevante por su capacidad de fabricación avanzada, mientras que Estados Unidos mantiene una enorme fortaleza en diseño de chips, propiedad intelectual, software y equipos. China, por su parte, ha realizado grandes inversiones para desarrollar una cadena de suministro doméstica.

Europa, Japón y Corea del Sur también desempeñan papeles fundamentales en distintos segmentos de esta industria.

La disputa, por tanto, no se limita a quién fabrica más chips. Se trata de quién tendrá capacidad para diseñar, producir y controlar las tecnologías que definirán la productividad de las próximas décadas.

México frente a una oportunidad histórica

En este nuevo escenario, México cuenta con una ventaja estratégica: su integración industrial y comercial con Estados Unidos.

El fenómeno del nearshoring y la reorganización de las cadenas de suministro norteamericanas están generando oportunidades para atraer inversiones relacionadas con electrónica, manufactura avanzada, centros de diseño, ensamblaje, empaquetado y prueba de semiconductores.

México no necesariamente necesita competir inicialmente con las fábricas más avanzadas del mundo. Una estrategia inteligente puede consistir en fortalecer aquellos eslabones de la cadena donde existen mayores posibilidades de integración con la industria nacional y norteamericana.

Esto implica desarrollar talento especializado, infraestructura energética, agua, conectividad, investigación aplicada y vinculación entre universidades y empresas.

Sonora ante la nueva frontera tecnológica

Para Sonora, el tema adquiere una dimensión particular.

Su ubicación fronteriza, su relación económica con Arizona y su infraestructura industrial colocan al estado frente a una oportunidad que va más allá de la manufactura tradicional.

El crecimiento de un corredor tecnológico Sonora-Arizona puede abrir posibilidades en áreas como electrónica avanzada, semiconductores, automatización, sensores, telecomunicaciones, inteligencia artificial y servicios especializados.

La presencia de capacidades tecnológicas y de manufactura avanzada en Arizona convierte a la frontera en un espacio con potencial para desarrollar una cadena regional de valor, donde el intercambio de talento, conocimiento, proveedores e infraestructura sea tan importante como el movimiento de mercancías.

La oportunidad, sin embargo, no está garantizada. Competir por inversiones de alta tecnología exige condiciones específicas: energía confiable y competitiva, disponibilidad de agua, infraestructura logística y digital, seguridad, formación de ingenieros y técnicos especializados y una estrecha colaboración entre gobierno, universidades y sector empresarial.

De Kilby a la inteligencia artificial

La historia iniciada por Jack Kilby demuestra que una innovación tecnológica aparentemente pequeña puede terminar transformando industrias completas.

En 1958, el desafío era colocar múltiples componentes electrónicos en un mismo circuito. Hoy, el reto consiste en desarrollar chips capaces de procesar cantidades extraordinarias de información para aplicaciones que van desde un teléfono celular hasta un sistema de inteligencia artificial.

El semiconductor pasó de ser un componente electrónico a convertirse en infraestructura estratégica de la economía mundial.

Para México y particularmente para Sonora, comprender esta transformación resulta fundamental. La próxima gran competencia industrial no estará determinada únicamente por quién produzca más automóviles, dispositivos o equipos electrónicos, sino por quién sea capaz de incorporarse a las cadenas tecnológicas que los hacen posibles.

La revolución de los semiconductores comenzó hace más de 60 años. La siguiente etapa apenas está comenzando.

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