Fitness & Economía
La salud física también es un problema económico

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La salud física también es un problema económico

Gael Daniel Otero Quiñonez·15 de septiembre de 2026·8 min

El sobrepeso, la obesidad y la inactividad física suelen analizarse principalmente desde la salud pública, pero sus consecuencias alcanzan también a las familias, las empresas y la economía. Gael Daniel Otero Quiñonez, licenciado en Educación Física y entrenador de CrossFit, plantea una pregunta que vale la pena llevar a la discusión económica: ¿estamos dispuestos a gastar más atendiendo las consecuencias que invirtiendo en prevenirlas?

La obesidad suele abordarse principalmente como un problema de salud. Sin embargo, también representa un fenómeno con consecuencias económicas que pueden afectar a las personas, las familias, las empresas y los sistemas de salud. El problema no se limita al costo de una consulta médica o de un tratamiento, ya que también existen costos indirectos relacionados con el ausentismo, la pérdida de productividad, la discapacidad, la disminución de ingresos y el deterioro de la calidad de vida.

La Organización Mundial de la Salud ha advertido sobre la magnitud económica del problema. De acuerdo con estimaciones citadas por el organismo, si no se toman medidas, los costos mundiales asociados al sobrepeso y la obesidad podrían alcanzar alrededor de 3 billones de dólares anuales para 2030. Al mismo tiempo, la OMS estima que la inactividad física podría generar aproximadamente 300 mil millones de dólares en costos de atención sanitaria entre 2020 y 2030 si sus niveles no disminuyen.

Estas cifras permiten plantear una pregunta desde una perspectiva distinta a la estrictamente médica: "¿Estamos gastando más en atender las consecuencias de la obesidad de lo que estaríamos dispuestos a invertir para prevenirlas?"

Su relevancia económica en México

En México, la dimensión del problema adquiere especial relevancia. De acuerdo con la ENSANUT 2022, el 38.3% de los adultos presentaba sobrepeso y el 36.9% obesidad. En conjunto, aproximadamente tres de cada cuatro adultos mexicanos se encontraban en alguna de estas dos condiciones.

Desde una perspectiva económica, estas cifras importan porque el exceso de peso se relaciona con una mayor probabilidad de desarrollar enfermedades crónicas como diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y alteraciones metabólicas.

Por ello, el costo de la obesidad no debería calcularse únicamente a partir de cuánto gasta una persona en medicamentos o cuánto destina el sistema de salud a atender determinadas enfermedades. También es necesario considerar aquello que una familia, una empresa y la sociedad pueden dejar de producir como consecuencia de enfermedades, discapacidad, ausentismo, muerte prematura o pérdida de calidad de vida.

¿Cuánto cuesta no prevenir?

Hablar de obesidad y actividad física desde una perspectiva económica implica ir más allá del costo de una consulta o un medicamento. Cuando existen factores de riesgo que pueden reducirse mediante prevención y cambios sostenidos en el estilo de vida, también resulta necesario preguntarse cuánto termina pagando una persona, una familia, una empresa y el sistema de salud cuando esa prevención no ocurre.

Los costos pueden entenderse principalmente desde dos dimensiones. Por un lado están los costos directos, relacionados con consultas médicas, medicamentos, estudios de laboratorio, hospitalizaciones, procedimientos quirúrgicos, seguimiento médico y tratamientos asociados con enfermedades como diabetes, hipertensión o padecimientos cardiovasculares.

Por otro lado se encuentran costos indirectos que son menos visibles porque normalmente no aparecen en una factura médica, pero pueden tener consecuencias económicas importantes. Entre ellos están las ausencias laborales, disminución del rendimiento, incapacidades temporales o permanentes, jubilación anticipada, pérdida de ingresos, reducción de años productivos, muerte prematura y el tiempo que familiares deben destinar al cuidado de una persona enferma.

Esto significa que las consecuencias económicas pueden extenderse mucho más allá del paciente. Cuando una enfermedad reduce la capacidad de una persona para trabajar, también puede afectar los ingresos del hogar. Cuando genera ausentismo o menor desempeño, puede trasladar parte del costo hacia las empresas. Y cuando requiere atención médica prolongada, una proporción del impacto puede trasladarse al sistema de salud.

La discusión sobre obesidad se convierte entonces también en una discusión sobre productividad, gasto, prevención y utilización de recursos.

La actividad física como inversión y no solamente como gasto

Frente a este escenario aparece otra pregunta: "¿Qué pasaría si parte del dinero que posteriormente se utiliza para tratar enfermedades pudiera destinarse previamente a prevenirlas?"

La actividad física puede analizarse desde una perspectiva de inversión y no únicamente como un gasto personal. Cuando una persona destina tiempo y recursos a mantenerse físicamente activa, no solamente busca modificar su apariencia corporal. También puede estar contribuyendo a reducir factores de riesgo y conservar capacidades que tendrán importancia durante diferentes etapas de su vida.

La OMS reconoce que la actividad física contribuye a prevenir y controlar enfermedades cardiovasculares y diabetes, además de reducir síntomas de depresión y ansiedad, mejorar el bienestar general y aportar beneficios relacionados con distintos tipos de enfermedades.

Desde una perspectiva económica, el beneficio de realizar ejercicio no necesariamente se observa inmediatamente en pesos y centavos. Su valor puede aparecer a largo plazo mediante una mejor capacidad cardiovascular y muscular, control del peso y composición corporal, salud metabólica, funcionalidad, salud mental y calidad de vida.

Esto no significa que el ejercicio elimine por sí solo el riesgo de desarrollar una enfermedad ni que todas las condiciones relacionadas con la obesidad puedan prevenirse exclusivamente mediante actividad física. Significa que la prevención puede formar parte de una estrategia más amplia para reducir factores de riesgo y conservar la salud.

El costo de prevenir a tiempo

La prevención tampoco es gratuita. Mantener una alimentación adecuada, realizar actividad física, acudir a revisiones médicas, recibir orientación profesional o pagar por determinados espacios deportivos representa tiempo y dinero.

Pero la pregunta económica relevante no debería ser únicamente "¿cuánto cuesta prevenir?", sino también "¿cuánto puede costar esperar a que aparezca el problema?"

Prevenir requiere una inversión relativamente constante y sostenida. Puede significar reorganizar horarios para realizar actividad física, modificar hábitos cotidianos, acceder a instalaciones deportivas o buscar acompañamiento profesional cuando sea necesario. Estos costos pueden parecer prescindibles mientras una persona se siente saludable, pero precisamente ahí se encuentra una parte importante del valor de la prevención: actuar antes de enfrentar consecuencias potencialmente más complejas.

En el caso de la obesidad y la inactividad física, esperar hasta la aparición de enfermedades asociadas puede significar pasar de un gasto preventivo a costos relacionados con consultas, medicamentos, estudios, tratamientos, hospitalizaciones o periodos de incapacidad laboral. A ello se agregan consecuencias que difícilmente pueden expresarse por completo en una factura, como pérdida de productividad, reducción de ingresos, dependencia de familiares o deterioro de la calidad de vida.

La actividad física puede contribuir a conservar funcionamiento físico, movilidad, salud mental, interacción social, independencia y capacidad para realizar actividades cotidianas. Visto así, la prevención no solamente busca prolongar la vida, sino conservar durante más tiempo la capacidad de vivirla con autonomía.

Gael Daniel Otero Quiñonez: una perspectiva desde la Educación Física

Para Gael Daniel Otero Quiñonez, licenciado en Educación Física y entrenador de CrossFit, este tema tiene también una dimensión personal. En el pasado enfrentó sobrepeso y posteriormente convirtió la actividad física en parte de su desarrollo profesional.

Su experiencia trabajando con personas desde la educación física, el entrenamiento y el CrossFit le ha permitido observar tanto los beneficios que puede generar la actividad física como una de las principales dificultades que existen alrededor de ella: conseguir que las personas conviertan el ejercicio en un hábito sostenible.

Mi experiencia trabajando con personas en la educación física, el entrenamiento y el CrossFit me ha permitido observar cómo la actividad física puede influir de diversas maneras en la salud y la calidad de vida, pero también lo difícil que puede ser mantener este hábito a largo plazo.

Esa experiencia está relacionada con su interés por estudiar la motivación y la adherencia al ejercicio. Para Otero Quiñonez, uno de los grandes desafíos no consiste únicamente en convencer a una persona de comenzar a entrenar, sino en entender qué permite que continúe haciéndolo durante meses y años.

De ahí surge otra de las preguntas centrales de su reflexión: "¿Por qué esperamos a que aparezca un problema de salud para comenzar a prevenirlo?"

Como entrenador, señala que su objetivo no se limita a ayudar a una persona a mejorar físicamente. También busca acompañarla en el establecimiento de metas y en la construcción de hábitos que puedan mantenerse, reconociendo que cada individuo tiene necesidades, circunstancias y puntos de partida diferentes.

Su planteamiento conecta finalmente con una discusión económica mucho más amplia. La obesidad tiene costos médicos, pero sus consecuencias potenciales también pueden alcanzar la productividad, los ingresos familiares, las empresas y los recursos públicos destinados a salud. La prevención, por su parte, también requiere recursos, tiempo y disciplina.

Por ello, quizá la pregunta no debería reducirse a cuánto cuesta hacer ejercicio, comer mejor o invertir en prevención. La comparación verdaderamente relevante es cuánto estamos dispuestos a invertir hoy para reducir la posibilidad de enfrentar costos mayores mañana.

En una sociedad donde aproximadamente tres de cada cuatro adultos mexicanos presentaban sobrepeso u obesidad de acuerdo con la ENSANUT 2022, la prevención deja de ser exclusivamente una decisión individual. También merece ser analizada como un asunto de productividad, competitividad, gasto sanitario y desarrollo económico.

Porque cuidar la salud tiene un costo. Pero no cuidarla también.

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